La importancia de llevar una percha en el coche

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Lo que voy a contar a continuación, me sucedió hace un par de años y puede que sirva como consejo para aquellas personas que han vivido o pueden vivir alguna situación similar.

Tenía un coche de última generación y, cuando digo última, me refiero a la que está detrás de todos, en última posición. La cerradura del piloto hacía mucho tiempo que no funcionaba pero, como podía acceder al vehículo desde la puerta del copiloto, nunca vi la necesidad de arreglarla.

Un día, aparqué el coche en un espacio bastante reducido, entre un contenedor y otro vehículo pero con la distancia suficiente para salir por la puerta del conductor. Pero, al volver, encontré que otro coche había aparcado todavía más cerca de mi puerta derecha, así que el acceso a mí vehículo estaba totalmente restringido ya que, por la puerta que había salido (la del conductor), no podía entrar al no funcionar la cerradura.

Tenía que buscar una solución. Al abrir la puerta del copiloto, comprobé que sólo podía introducir un brazo, lo que me llevó a pensar que así sería muy difícil conducir. Tras varias intentonas y, a pesar de encoger la barriga hasta que me saliera el ombligo por la espalda, comprendí que no podía entrar.

Necesitaba un plan o un milagro, y encontré la herramienta perfecta, ¡una percha! Gracias a ella, a mi habilidad y a que el coche tenía elevalunas manual, consigo bajar la ventanilla con el firme propósito de introducir mi cuerpo por ella. Pero, no soy una experta en contorsionismo y siempre había alguna parte de mi cuerpo que se quedaba descolgada.

Así que probé de nuevo con mi arma salvavidas y puse a prueba mi puntería. No sé qué milagroso movimiento realicé pero, de repente, la puerta del conductor se abrió. Así que, después de 50 bochornosos y desesperados minutos, pude entrar en mi vehículo.

Justo en ese momento, vi que se acercaba un ciudadano que, acompañado por un policía, me señalaba con el dedo.

– ¿Algún problema señorita?

– No, ya no – contesté educadamente.

No sé si llevo los triángulos reglamentarios, si llevo un juego de luces de recambio, ni siquiera, si llevo el seguro pero, lo que sí llevo siempre es una percha abrecoches.

 

Lo que voy a contar a continuación, me sucedió hace un par de años y puede que sirva como consejo para aquellas personas que han vivido o pueden vivir alguna situación similar.

Tenía un coche de última generación y, cuando digo última, me refiero a la que está detrás de todos, en última posición. La cerradura del piloto hacía mucho tiempo que no funcionaba pero, como podía acceder al vehículo desde la puerta del copiloto, nunca vi la necesidad de arreglarla.

Un día, aparqué el coche en un espacio bastante reducido, entre un contenedor y otro vehículo pero con la distancia suficiente para salir por la puerta del conductor. Pero, al volver, encontré que otro coche había aparcado todavía más cerca de mi puerta derecha, así que el acceso a mí vehículo estaba totalmente restringido ya que, por la puerta que había salido (la del conductor), no podía entrar al no funcionar la cerradura.

Tenía que buscar una solución. Al abrir la puerta del copiloto, comprobé que sólo podía introducir un brazo, lo que me llevó a pensar que así sería muy difícil conducir. Tras varias intentonas y, a pesar de encoger la barriga hasta que me saliera el ombligo por la espalda, comprendí que no podía entrar.

Necesitaba un plan o un milagro, y encontré la herramienta perfecta, ¡una percha! Gracias a ella, a mi habilidad y a que el coche tenía elevalunas manual, consigo bajar la ventanilla con el firme propósito de introducir mi cuerpo por ella. Pero, no soy una experta en contorsionismo y siempre había alguna parte de mi cuerpo que se quedaba descolgada.

Así que probé de nuevo con mi arma salvavidas y puse a prueba mi puntería. No sé qué milagroso movimiento realicé pero, de repente, la puerta del conductor se abrió. Así que, después de 50 bochornosos y desesperados minutos, pude entrar en mi vehículo.

Justo en ese momento, vi que se acercaba un ciudadano que, acompañado por un policía, me señalaba con el dedo.

         ¿Algún problema señorita?

         No, ya no – contesté educadamente.

No sé si llevo los triángulos reglamentarios, si llevo un juego de luces de recambio, ni siquiera, si llevo el seguro pero, lo que sí llevo siempre es una percha abrecoches