Las dichosas cadenas… ¿Qué hago? ¿Lo reenvío?

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En el artículo de ayer, hablaba de la proliferación de mensajes que se suceden diariamente en nuestros correos, donde nos invitan a reenviar un mensaje ya sea para prevenir de un fraude, de un timo o para ayudar a otras personas o no sufrir las gravísimas consecuencias de romper una cadena.

Al principio, yo los reenviaba sin dudar, para avisar a los demás del fraude, para ayudar a otras personas o por miedo a que me visite la mala suerte.

Sin embargo, hace ya mucho tiempo que dejé de hacerlo. Como comentaba, hay algunos portales que te ayudan a descubrir si la información de ese correo es cierta o sólo se trata de un bulo más. Y, efectivamente, el 99% de los correos que recibo, contienen información falsa por muy detallada que esté la historia que nos relatan. Del mismo modo, la mayoría de los asuntos que piden ayuda para alguna persona enferma o desaparecida, suele ser también pura invención. Hecho que me parece muy perjudicial para aquellas personas que realmente podrían valerse de la comunicación vía mail para encontrar soluciones o ayudas a problemas de salud.

Los que hacen referencia a la buena suerte, me ha costado bastante tiempo conseguir omitirlos. Como cada cual, pasamos por una etapa en la que cualquier ayuda extra, ya sea por las meigas, por los duendes o por cualquier agente portador de fortuna, nos vendría más que bien. Si te dicen que pidas un deseo y que al mandar el mensaje se te cumplirá en unos días (dependiendo de a la gente que se lo envías), pues lo mandas, que tampoco te cuesta nada. En momentos de desesperación, si te pidieran que hicieras el pino puente cada cinco minutos, creo que también lo harías, ¿no?, y esto es mucho menos agotador.

Sin embargo, cuando has pedido cientos de deseos, has mandado el mensaje a cientos de personas y ni la suerte ha venido ni se te ha cumplido uno sólo de los deseos, empiezas a sospechar que la suerte no tiene Internet.

Así que, he dejado de enviar esos correos, he roto muchas cadenas y he tenido la suerte, de haberme liberado de una responsabilidad absurda que me creaban estos mensajes.

No obstante y, supongo que viendo que la gente ha dejado de creer en las meigas cibernautas, ahora recibo mails de amistades que me dicen lo valiosa que es nuestra relación y lo mucho que significaría para ellos, que le devolviera esas palabras. Del mismo modo, lo importante que sería para los demás que les enviara ese mismo mensaje y compartiera nuestro cariño por la red. Ante eso, ¿qué hago? ¿Lo reenvío? ¿Ese amigo o amiga creerá que le quiero más si le contesto el mensaje, o tendrá dudas de nuestra amistad si no lo hago?

Yo soy de las que piensa que el caminar se demuestra andando y no reenviando.