MAESTRA ARTEMISIA GENTILESCHI

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Propagadora del estilo naturalista de Caravaggio, trató el desnudo femenino con un vigoroso realismo alejado de la idealización del barroco. Sus lienzos tuvieron tal éxito que consiguió ganar el título de Maestra Pintora en una época en que el mundo del arte estaba totalmente en manos masculinas. Tanto es así, que el crítico más célebre de su tiempo dijo de ella: “¿Y esto ha sido capaz de pintarlo una mujer? ¡Líbrenos el cielo!”

Nació en Roma y era la hija mayor del pintor Orazio Gentileschi. Huérfana de madre desde los doce años, pasaba mucho tiempo en el estudio de su padre, donde recibió una rigurosa formación como pintora y conoció a los más importantes artistas de la época. Su primera obra importante (que pintó con 17 años) fue la heterodoxa Susana y los viejos, en la que el desnudo de Susana tiene más que ver con el realismo de Courbet que con el modelo de belleza veneciana de Tintoretto.A partir del Renacimiento, el episodio bíblico había sido utilizado por muchos pintores para mostrar el placer erótico con el regusto de lo prohibido. En sus cuadros, Susana casi siempre aparece mientras se recrea provocativamente en su belleza sin saber que es observada o hablando con sus verdugos y, a pesar de su notorio rechazo, la tentación del adulterio no parece extrañar mucho a la seductora Susana, que parece estar indecisa.Por el contrario, la versión que pintó Artemisia Gentileschi muestra la perspectiva de una mujer desesperada. Y su rostro es una mueca de asco y horror. Un horror que no es más que un reflejo del sufrido por la propia pintoria.A los 16 años, Artemisia fue violada en el taller de su padre por Agostino Tassi, otro pintor al que Orazio había contratado como profesor de su hija. De resultas de la agresión, Artemisa cayó enferma. No fue hasta un año después que su padre denunció a Tassi por estupro y por el robo de unos cuadros. En el proceso, Artemisa fue torturada con un empulgador para verificar su testimonio y aún así, a Tassi sólo le cayo una ridícula pena, mientras que ella tuvo fama de licenciosa el resto de su vida.Un mes después del proceso judicial, que la marcó emocional y psicológicamente, se casó con el rico florentino Pietro Antonio di Vincenzo Stiattesi, seguramente para evitar el escándalo, y la familia marchó a Florencia donde nació su hija Palerma, también pintora. En esta ciudad adquirió gran renombre (tanto es así que fue la primera mujer que estudió en la Accademia del Disegno) y realizó también trabajos en Génova, Nápoles y Roma, entre las que destacan Judith y su sirvienta y El nacimiento de San Juan Bautista.

Con todo, su obra más importante es Judith decapitando a Holofernes,  que representa con exacto realismo el instante preciso en el que la heroína decapita al general sirio. La obra es una apoteosis de sangre y Judith ejecuta su cometido con una precisión y una profesionalidad comparables a las de una carnicera que trocea a un animal. El lienzo se ha interpretado como una especie de venganza por la humillación que Artemisia sintió al ser violada, de ahí que la protagonista esboce un gesto de satisfacción. Una escena completamente inusual en la pintura barroca. Hoy está considerada como un símbolo del poder femenino.

Tras una estancia en Inglaterra, de la que data su Autorretrato como la Alegoría de la Pintura, volvió a Nápoles, donde siguió trabajando hasta que falleció a los cincuenta años.

En una frase extraída de sus cartas a don Antonio Rufo reclamándole sus honorarios podemos apreciar su fuerte personalidad: “Esto le mostrará a su Señoría lo que una mujer puede llegar a hacer” Toda una declaración de principios.