¿Qué es la libertad y cómo conseguirla?

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¿Qué es la libertad? Podríamos decir que existen respuestas subjetivas y objetivas a esta pregunta. Y todas serán validas. Podemos decir que libertad es no estar encerrado en una cárcel (aunque puede ser una creencia matizable), o bien, que libertad es poder hacer en cualquier momento lo que uno quiere, poder decir todo lo que uno piensa sin filtro alguno o caminar en la naturaleza sin reparo, etc.

Algunos podemos estar de acuerdo con estas definiciones y otros no, pero quizás el diferencial esté en tres conceptos importantes:

 Miedo, coherencia y desapego

¿Quién puede decir que no tiene miedo?, ¿quién puede afirmar que siempre, y subrayo siempre, hace lo que dice y dice lo que hace?, ¿quién vive total y completamente libre de conflictos entre lo que es y lo que piensa que debe ser?

Fuente: Lauren McKinnon
Fuente: Lauren McKinnon

Ser libres, no responde ni a una idea, ni a una creencia, ni a una definición. Ser libres es un estado del Ser en el que, pese a lo que la vida nos reserva en un momento determinado, sostenemos lo que sentimos sea o no agradable, y actuamos coherentemente a ello, desapegándonos del resultado de nuestras acciones.

A menudo nos dejamos confundir por lo que escuchamos, lo que nos han contado, lo que hacen los demás. O bien generamos creencias a raíz de lo que hemos podido padecer, de nuestras experiencias, de la manera en que interpretamos la realidad en un momento determinado, de las personas con las que solemos movernos y compartir.

Todos habremos escuchado la frase que mi libertad se acaba donde empieza la tuya. Matizaría esta creencia con que mi libertad no depende de la tuya ni tu libertad depende de la mía.

Libertad, una cuestión de respeto

Si me respeto a mi mismo, si me mantengo conectado con mis necesidades interiores y si no me creo expectativas, automáticamente no necesitaré proyectar hacia fuera necesidades de libertad. No pretenderé que me dejes espacio, que me des voz, que me des cariño o atención.

Así mismo, en este estado, me resultará más fácil observar lo que pasa, darme el tiempo de absorberlo y luego aceptarlo. No te exigiré que hagas o no hagas, digas o no digas, pienses esto o lo otro. Yo seré yo y tú serás tú.

Como en la relación de pareja, hay que lidiar constantemente con el miedo a la perdida y el sentimiento egoísta de posesión = inseguridad (espero que se produzca o bien no un algo/resultado y me aterriza que las cosas no vayan como yo creo que necesito). El problema no es el otro. El problema no es si una persona hace lo que yo quiero o bien se quede en mi vida en la forma en que yo necesito.

La cuestión está en mi interior. Yo tengo unas necesidades incumplidas y en lugar de centrarme en ellas, dentro de mi, las busco afuera. Creo, consciente o inconscientemente, unas expectativas y espero que el otro llene mis vacíos. Así es muy difícil sentirse y ser libres y dejar libertad a los demás. Y es justamente esto lo que nos encarcela. Cada uno de nosotros sabemos lo que nos pasa aunque no siempre somos capaces de discernir o de entender donde está la falta, donde está el vacío o qué pudo provocarlo.

Fuente: Cesar I. Martins
Fuente: Cesar I. Martins

En el encuentro con otra persona, tenemos la gran oportunidad de vernos, reflejarnos, conectar con algo de nuestro interior que puede ser o no placentero. Sea lo que sea, es lo que nos permite evolucionar. Si así no fuera, ¿pues por qué las relaciones son tan difíciles de llevar? Así que, seamos sinceros con nosotros mismos y reconocemos que sentimos miedo, que el miedo es parte de nuestra naturaleza, que el miedo puede ser una herramienta que juega a nuestro favor si no dejamos que nos paralice, que altere y distorsione nuestros actos y nuestras palabras.

El miedo nos condiciona, tal y como nuestra creencias y la idea que tenemos de nosotros mismos. En realidad nuestro Ser va mucho más allá de las ideas y del miedo. Sabemos lo que queremos pero a menudo no lo admitimos, no lo verbalizamos, no actuamos a raíz de ello. Sabemos lo que sentimos, pero a menudo no lo reconocemos, lo sofocamos, no lo reconocemos, lo disfrazamos en palabras y acciones que no tienen nada que ver con ello.

Ambas cosas generan un conflicto interno del que no nos damos cuenta, no siempre. Y nos privan de nuestra libertad, entendida como un estado esencial del Ser.

¿Cómo construyo mi estado de libertad?

Es difícil, en el momento del conflicto, tomar conciencia de ello. Hay situaciones donde realmente el coste de vivir libres implica un enfrentamiento con la realidad, nuestra y de los demás, y esto es muy duro de sostener. El temor a hacer daño, a perder, a sufrir, a lanzarse hacia un terreno desconocido pues aterriza. En esos momentos decirse ‘vale, actúo a raíz de lo que quiero y siento y luego eré los beneficios, aunque no sean inmediatos’. La mente se opone, avisa, alerta, frena, bloquea, empieza a contarte toda una serie de historias para evitar que corras riesgos y siga actuando de la misma forma de siempre.

Pues en estos momentos puedes empezar por lo menos a preguntarte: ¿Cómo me siento si toma esta decisión: tranquilo, feliz, satisfecho, coherente, inquieto, incomodo, solo, cobarde o cabreado? Y de lo contrario, ¿cómo me siento si no lo hago? Y allí darse respuestas sinceras para ambas posturas y luego elegir una de ellas.

Aunque la decisión no sea la que soluciona el conflicto, por lo menos me habré dicho la verdad, lo cual marca el primer paso hacia el cambio. Crea la semilla para que, a partir de ese momento, me cuestione más cosas y entienda lo que me pasa a mi, a mi entorno, a las personas con que me relaciono si hago o no hago, digo o no digo algo que es coherente con lo que siento y quiero. Las consecuencias no me afectarán solo a mi. Y esto es muy importante saberlo y tenerlo en cuenta.

Ensayar y entrenar, esta es la clave para llegar al cambio de actitud y a conectar con nuestro interior. Se trata de ir lidiando con la mente, con los miedos, con los apegos y poco a poco ir desprendiéndose de ellos.

Cuanto más nutrimos nuestro estado esencial de libertad, mejor nos sentiremos. Seremos más abiertos a entender, a aceptar, a aprender, a cuestionar, a dar libertad a los demás. Cuando conectas con tu interior y te armonizas, el efecto siempre es radiante, el beneficio es global.