Una carta de amor cualquiera…

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Cariño:

Antes de irte, recoge por favor la ropa tendida, pero si no te importa, dóblala antes de lanzarla contra el armario, aunque en ese caso, sería conveniente que primero abrieras las puertas y los cajones.

He sacado el pollo del congelador y lo he dejado encima del banco. Ya está muerto, pero todavía crudo, aunque esté frío, no es un helado.

Llegaré un poco más tarde amor, pues cuando salga de trabajar, iré a comprar mi regalo de aniversario. El tuyo te lo daré esta noche, cuando se acuesten las niñas.

¡Ah! Le he dicho a Laura que no irías a por ella al colegio, pero no para que no vayas cariño, sino para que cuando te vea allí se lleve una sorpresa.

Por cierto cielo, esta tarde vendrá Sonia con un amigo, intenta disimular cuando le registres los bolsillos del pantalón. Me dijo Sonia que el último amigo que trajo, pensó en denunciarte cuando lo abrazabas con tanta efusividad. Ya no saluda a tu hija en el colegio. Todavía no saben lo que es el misionero o el sometido, ni tienen pensado un plan de jubilación, sólo tienen 11 años, sé discreto en tus interrogatorios.

Cari, dejar airear la cama, es destaparla un rato para luego hacerla, no dejarla deshecha con el aire acondicionado encendido. Estamos en diciembre y empieza a hacer frío.

Y no te preocupes tanto por la vecina del quinto mi vida, no es ninguna niña, incluso habrá perdido ya la virginidad. Es la tercera vez que bajas esta semana ofreciéndole azúcar. Ayer me preguntó si tenías algún problema de diabetes. Y la reunión de escalera no será en su casa, sino en la de los Garrido, así que he anulado tu cita con el peluquero. He supuesto que preferirías cortarte el pelo después de que su traviesa hija te pegue un chicle, como la última vez.

Amor mío, como ayer cogí tu coche, le he llenado el depósito, pero como no sabía qué tipo de gasolina echarle, le he puesto una mezcla de todas, así seguro que he acertado.

Si necesitas cualquier cosa, ya sabes donde localizarme, te he dejado los teléfonos apuntados en la nevera, pero al móvil no me llames que no tengo batería y al despacho tampoco porque no voy a estar en todo el día.

Estoy deseando que llegue la noche para abrazarte y decirte lo mucho que te quiero, aunque te lo podría dejar en una nota, pero ya sabes que por las mañanas, no tengo ganas de escribir. Aun así…

Te quiero, mi amor.

Tu esposa.