Las mujeres y el sacerdocio

Las mujeres y el sacerdocio 3

Las admisión de las mujeres en el sacerdocio es uno de los temas más controvertidos de la Iglesia Católica. El motivo por el que la mujer no pueda acceder se ampara en la Costumbre Antigua, entendida como la garantía de la voluntad de Cristo sobre la constitución esencial de su iglesia (y sus sacramentos).

Históricamente, Jesús no llamó a ninguna mujer a formar parte de los doce, su actitud estuvo basada en los usos de su tiempo y de su ambiente (el judaísmo) en el que las mujeres no ejercían actividades sacerdotales. Entre los judíos rígidos, las mujeres, sufrían ciertamente, una severa discriminación desde su nacimiento, que se extendía luego a la vida política y religiosa. Frases como “¡Ay de aquél cuya descendencia son hembras!” lo demuestran. Tristeza y fastidio causaba el nacimiento de una niña, incluso después de crecida no tenía acceso al aprendizaje de la Ley. Decía otra de las frases del Torá (Ley) “Que las palabras del Torá sean destruidas por el fuego antes que enseñársela a las mujeres…quien enseña a su hija Torá es como si le enseñas calamidades”.

Las mujeres judías carecían frecuentemente de derechos, siendo consideradas como objetos de posesión de los varones. Dice una plegaria: “Bendito sea Dios que no me hizo mujer, bendito sea que no mi hizo esclavo”. Por todo ello, la actitud de Jesús respecto a la mujer.

La argumentación central de la Iglesia Católica está basada en los argumentos de las tradiciones que se remontan a Cristo. No es una mera disposición de disciplina, sino que tiene una base ontológica, es decir, se apoya en la misma estructura de la Iglesia y del Sacramento del Orden.

Fuente: corazones

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