María Sabina

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María Sabina Magdalena García es el nombre de “La mujer espíritu”, “la mujer del Libro Blanco” como la nombraba Juan Rulfo; “La sacerdotisa de los hongos” o “la sabia de los hongos”.
Poseedora de una gran sabiduría y que alcanzó fama nacional e internacional gracias a su forma de curar.

Entre los tantos trabajos que se realizaron sobre María Sabina se encuentran el libro escrito por Álvaro Estrada una biografía titulada “Vida de María Sabina, la sabia de los hongos” que fue publicado en 1977 y hasta la fecha lleva catorce ediciones. El documental de1979 titulado “María Sabina La mujer Espíritu”. En 1980 se publicó un trabajo editado por Hilda O’Farrill de Compeán para la revista VOGUE.

Por su parte, el escritor español Camilo José Cela le dedicó un oratorio y Gabriel Zaid la incluye en la primera edición de su Ómnibus de poesía mexicana.

De igual manera ha sido inspiración para diferentes cantantes incluida una banda de rock.

Su nombre se mencionaba en variedad de proyectos, su fama crecía aceleradamente aunque no en el modo en que hubiera querido, pues independientemente de los aportes que hizo para la medicina psiquiátrica.

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 ¿Pero quien es esta mujer tan proclamada en los medios?

Fue una mujer fuerte que supo sacar adelante a su familia con el producto de su trabajo; ella no necesitaba y ni le interesaba obtener provecho de su conocimiento, aún siendo una curandera de gran prestigio vivió con lo necesario.

Desciende de unos antepasados mazatecos que dominaban la medicina tradicional, la botánica y las artes de la curación por el bálsamo del canto y del lenguaje.

Su infancia dice fue dura, se vivía entre el hambre y el frío, en una ocasión que fue a desenredar la cuerda de una cabra que había quedado atrapada, se encontró con unos hongos de blanco puro, al probarlos su vida cambió por completo, puesto que se sumergió en una experiencia sin igual que años después compartiría con tanta gente.

Con respecto a esos hongos o niños santos, como ella los llamaba decía: “Los niños santos curan las llagas, las heridas del espíritu. Los niños se toman de noche; para esto se celebra la velada frente a imágenes de santos de la iglesia”.

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A la edad de 40 año se convirtió en Chaman tras montar un potro blanco que la desafió a que lo hiciera, una experiencia que marca su entrada a la vida espiritual.

Sus ceremonias eran algo sagrado, único; en cambio para la gente que la visitaba sólo significaba curiosidad y hasta en determinado momento moda, aun así nunca se opuso a que la conocieran y siempre se mostró como una mujer sencilla, humilde y poseedora de una gran energía que inmediatamente era percibida por quienes se encontraban a su alrededor.

Las curaciones que María hacía a través de cultos y la aportación de esos hongos, llegan a oídos extranjeros.

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En junio de 1955, R. Gordon Wasson, investigador etnomicólogo (estudio de los hongos) asistió por primera vez a una velada cantada por María Sabina en Huautla, y a invitación de ella ingirió los hongos divinos quedando pasmado.

Con la ayuda de Robert Heim y Albert Hofmann, R. Gordon Wasson y “a partir de las instrucciones de María Sabina” logró rescatar de los hongos los principios activos llamados hoy “psilocibina” y “psilocina”, bautizados por Wasson como “enteógenos” (“Dios dentro de nosotros”).

El doctor Aurelio Cerletti y Jean Delay hicieron las primeras aplicaciones de estas sustancias en la medicina psiquiátrica después de 1970.

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Cuando Wasson saca a María del misterio comenzó el aniquilamiento al perderse el secreto; ya no sólo los hippies invadían su territorio, también jóvenes de las clases adineradas de América iban hacia las montañas en busca de un éxtasis provocado por esos hongos.

Incluso grandes celebridades de la música como los Rolling Stones, los Beatles, Jim Morrison y Bob Dylan fueron a verla con la intención de probarlos.

A tal grado llegó su fama que dirigía ceremonias espirituales (donde mezclaba los conocimientos prehispánicos con la influencia de la corriente católica) que duraban hasta 6 horas y eran dirigidas para más 30 personas en su mayoría universitarios.

Fuente: el kiosko

Un beso, Mury

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