Diana

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Las mujeres que escriben también son peligrosas

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Releyendo a Jane Austen (2)

Autor: Diana
Fecha: 20 Feb 2007
Si bien puede que no sea el primer personaje femenino moderno -no los conozco todos, claro está- sin duda fue de los primeros. La novela fue escrita a principios del siglo XIX y Elizabeth es, sin duda, el personaje más completo de todos. ¿Por qué moderno? Para empezar, [b]rompe todos los estereotipos que habían puesto sobre el tapete la mayoría de los personajes “mujeres” en la literatura[/b]. (...) [b]Elizabeth Bennet y el moderno personaje femenino.[/b] Tras el post anterior -Releyendo a Jane Austen (1)- y después de un deprimente repaso a lo que han sido los personajes femeninos en siglos de literatura (en mi blog), llegamos a Elizabeth Bennet, protagonista de Orgullo y Prejuicio de Jane Austen. Si bien puede que no sea el primer personaje femenino moderno -no los conozco todos, claro está- sin duda fue de los primeros. La novela fue escrita a principios del siglo XIX y Elizabeth es, sin duda, el personaje más completo de todos. ¿Por qué moderno? Para empezar, [b]rompe todos los estereotipos que habían puesto sobre el tapete la mayoría de los personajes “mujeres” en la literatura[/b]. Ante todo, lo que destaca de Elizabeth, es, sin duda, [b]su inteligencia y su agudo ingenio [/b]que demuestra en cada diálogo. Como prometía en el post anterior, extraigo como ejemplos trozos de diálogos de la novela. ([b]Extracto del capítulo 6[/b]; En un baile del capítulo 3, Darcy ha rechazado bailar con Elizabeth, y ahora un vecino -Sir William- insiste a Darcy para que invite a una Elizabeth aún molesta por la afrenta anterior) [i]-Señor Darcy, permítame que le presente a esta joven como excelente pareja de baile. no podrá usted negarse, estoy seguro, teniendo delante tanta belleza -y, tomando su mano, Sir William se la habría cedido al señor Darcy (quien, aunque extraordinariamente sorprendido, la había aceptado) de no ser porque ella retrocedió de inmediato. -Perdóneme, pero no tengo la menor intención de bailar -le dijo a Sir William, algo incómoda- Le ruego que no suponga que he venido en esta dirección con intención de buscar pareja. El señor Darcy, con gran dignidad y corrección, pidió que se le concediera el honor de su mano; pero fue inútil. Elizabeth se mantuvo firme en su negativa, y tampoco bastaron para convencerla los esfuerzos de Sir William. -Baila usted tan bien, señorita Elizabeth, que es una crueldad negarme el placer de verla; y si bien a este caballero no le gusta en general esta diversión, no pondrá ningún inconveniente, estoy seguro, a complacernos por espacio de media hora. -El señor Darcy es un dechado de cortesía- dijo Elizabeth sonriendo.[/i] Sí, ironía. Toda la que Jane Austen es capaz de imaginar -y es una maestra- escapa por boca de Elizabeth. ¿Decía antes que Elizabeth destacaba por su inteligencia? Sí, y por su personalidad: decidida, irónica, orgullosa. [b]De hecho es muy posible que sea el primer personaje femenino que enamora a un hombre en una obra literaria, no gracias a su belleza, sino a su inteligencia.[/b] Antes de tener esta breve conversación con Elizabeth, esto era lo que Darcy opinaba de ella: [b](Capítulo 3)[/b] [i]-Exactamente detrás de ti-(le decía a Darcy su amigo Bingley)- está sentada una de las hermanas de Jane, que es también muy hermosa, y me atrevería a decir que muy simpática. Déjame que le diga a Jane que os presente. -¿A quién te refieres?-volviéndose, el señor Darcy contempló por un momento a Elizabeth, hasta que, al tropezar con su mirada, apartó la vista y dijo con frialdad- No me parece mal, pero no es lo bastante guapa para tentarme.[/i] Y justo unos momentos después del encontronazo anterior (cuando Elizabeth le rechaza con tanta ironía), la reacción de Darcy es: (hablando con la Srta Bingley): [b](Capítulo 6)[/b][i] - … me ocupaba de cosas mucho más agradables. He estado meditando sobre el gran placer que pueden proporcionar unos ojos hermosos en el rostro de una mujer bonita. La señorita bingley alzó la vista, rogándole que le dijera qué dama le había inspirado tales reflexiones. -La señorita Elizabeth Bennet.[/i] Más aún llama su atención, cuando pasan unos días en la misma casa[b]. Elizabeth tiene opiniones propias respecto a cualquier tema y -lo que es más sorprendente- las hace públicas[/b] (con educación y respeto) en cualquier ocasión. Incluso si contravienen a personas de rango o clase social superior. Hasta el extremo de tomarles el pelo (cosa inimaginable para otras mujeres, como la srta Bingley) ([b]Capítulo 11[/b]: después de que Darcy dice que se va a quedar sentado para contemplar a Elizabeth y a la Srta bingley mientras ellas dan un paseo) [i]-¡Qué vergüenza, señor Darcy! -exclamó la srta Bingley- Nunca he escuchado nada tan abominable ¿Cómo le castigaremos por semejantes palabras? -Nada más fácil -dijo Elizabeth- Tómele el pelo, ríase de él. Puesto que son amigos íntimos, debe usted saber cómo se hace. -Le aseguro que no lo sé. Nuestra intimidad no me ha enseñado eso. (…)[/i] [i]- En cuanto a reírnos, será mejor no ponernos en evidencia tratando de hacerlo sin éxito. El señor Darcy podría felicitarse por ello. -¡No reírse del Señor Darcy! -exclamó Elizabeth- Privilegio sin duda poco frecuente y espero que siga siéndolo, porque consederaría una gran pérdida tener muchos conocidos que lo reclamaran. Me encanta reír. (…) -Siempre me he esforzado -dijo Darcy- por evitar las debilidades que a menudo exponen al ridículo a una persona inteligente. -Como la vanidad y el orgullo- añadió Elizabeth. -Sí, la vanidad sin duda es un defecto. Pero el orgullo… si realmente existe inteligencia, el orgullo estará siempre bajo control. Elizabeth se volvió para esconder una sonrisa[/i] Además, el pesonaje [b]manifiesta signos de independencia frente a la sociedad y a sus padres[/b], negándose a algo tan habitual en aquella época como aceptar una oferta de matrimonio de alguien que está en una buena posición social (el viscoso señor Collins): [b] (Capítulo 19)[/b] [i]-Va usted demasiado deprisa, señor mío- exclamó Elizabeth- Olvida que no le he respondido aún. Permítame hacerlo sin mayor dilación. Acepte mi agradecimiento por el cumplido que me hace. me doy cuenta del honor que supone su ofrecimiento, pero me es imposible aceptarlo. -Ya había llegado a mi conocimiento- replicó el señor collins, con un ceremon ioso ademán- que es habitual entre las jóvenes rechazar la petición del hombre al que, en secreto, se proponen aceptar; y a veces la negativa se repite una segunda y una tercera vez. En consecuencia, no me siento en absoluto desalentado por lo que acaba usted de decirme, y espero llevarla al altar en poco tiempo. -Le aseguó señor mío- dijo Elizabeth- que su esperanza está desprovista de todo fundamento. Créame si le digo que no soy una de esas jóvenes (si es que existen) que tienen el atrevimiento de poner en peligro su felicidad por darse el gusto de recibir una segunda declaración. Mi negativa es totalmente sincera.[/i] [b]Elizabeth se enfrenta a las convenciones sociales de la época, lo hace con elegancia y con decisión[/b], muestra su inteligencia y su opinión -es cabezota algunas veces- sea cual sea el escenario y los acompañantes. Por eso, me hace gracia que críticos actuales, como el muy encumbrado [i]Harold Bloom[/i] alaben que Jane Austen “no sea feminista”, y que se limite a describir las situaciones, en lugar de “hacer un libelo” en pro de la igualdad de la mujer, como “las feministas actuales” (”Cómo leer y por qué”). Para ser tan inteligente en algunos aspectos, el señor Bloom parece singularmente obtuso para otros. Cada época tiene sus propias reivindicaciones y sus formas de expresarse… Cuando “Orgullo y Prejuicio” fue escrito, faltaba más de medio siglo para que se publicara la primera “Reivindicación de los derechos de la mujer”, y siglo y medio para que se empezara a pedir el voto femenino. Sin duda hubiera quedado terriblemente fuera de lugar que, por ejemplo, a Elizabeth Bennet le diera por prender fuego a su corsé para manifestar su opinión sobre el matrimonio concertado. Elizabeth protesta -y, por boca de ella, Jane Austen- como puede hacerlo; no olvidemos que, además, se supone que pretende que le publiquen el libro. Y, aún así, todo el carácter de Elizabeth, todo lo que le va ocurriendo, es una calmada protesta. Y las hay más directas: desde el comienzo de la novela se habla de que la hacienda donde viven los Bennet -la familia protagonista- está “vinculada” a un descendiente masculino; es decir, [b]sólo un hombre puede heredarla [/b](era muy común en aquella época). Los Bennet han tenido cinco hijas… por eso, la sra Bennet llega a decir: [b](Capítulo 23)[/b] [i]- (…) ¿cómo cabe en la conciencia de nadie vincular una propiedad, arrebatándosela a una de sus propias hijas? No me cabe en la cabeza[/i] Y, más adelante, la poderosa y arrogante Lady Catherine De Bourgh: [b](Capítulo 29)[/b] [i]- (…) En general, no veo motivo alguno para vincular propiedades prescindiendo de la línea femenina. En la familia De Bourgh nunca se ha creído necesario.[/i] Si eso no es una protesta, baje Jane y lo vea. [b]Diana P. Morales[/b] [url]http://www.portaldelescritor.com/blog[/url]

Releyendo a Jane Austen (1)

Autor: Diana
Fecha: 6 Feb 2007
Es una gran narradora y creadora de personajes; sus novelas se desbordan en ambientes minuciosos, y en detalles sutiles. Es la autora para la que se inventó la palabra ironía. Todo compendio de “grandes obras literarias” de la historia tiene una novela suya (...) Hace poco compré un ejemplar de [u]Orgullo y Prejuicio[/u], de Jane Austen. Por supuesto, para una relectura (la quinta si no recuerdo mal). Ésta vez comprado -y sellado con mi novísimo ex-libris, que he estrenado con él- pues las anteriores lecturas habían sido a ejemplares prestados. Todo porque el otro día me volvieron a entrar ganas de leerlo, y me di cuenta de que no tenía mi propio ejemplar (¡sacrilegio!). Me hice con él el mismo viernes, y nada más llegar a casa empecé a leer; llegué hasta el capítulo 45, y entonces lo dejé para escribir este post. Todo el mundo tiene sus autores favoritos, y creo que cualquiera que me conozca un poco sabrá que Jane Asuten está en los primeros lugares de mi lista. Es una gran narradora y creadora de personajes; sus novelas se desbordan en ambientes minuciosos, y en detalles sutiles. [b]Es la autora para la que se inventó la palabra ironía.[/b] Todo compendio de “grandes obras literarias” de la historia tiene una novela suya; un honor difícil de alcanzar en esta sociedad en la que -ineludiblemente- se minusvalora a las novelas escritas por mujeres, con protagonistas mujeres y de temas relacionados con sentimientos. Existe el prejuicio de que toda novela con esas características es una “novela femenina” o “novela para mujeres”, lo cual (irracionalemente) rebaja su calidad a ojos de la comunidad literaria, y provoca que la mayoría de los lectores masculinos no se acerquen a autoras como ésta. [img]orgullo y prejuicio.jpg[/img] [b]Austen, sin embargo, ha obtenido el beneplácito del mejor crítico que existe: el tiempo[/b]. Los libros universitarios, o ensayos sobre ella destacan sus cuidadísimos ambientes; el fino tacto de su prosa; el preciso retrato de la sociedad de su época. Yo me centro en otro de sus logros: los diálogos. [b]Los diálogos de Jane Austen tiene el ritmo rápido y ágil de la buena comedia[/b]. Ni una sola frase se deja al azar; son una radiografía de cada personaje y del tiempo en el que les ha tocado vivir. Son irónicos, por supuesto (esto no hacía falta ni decirlo), agudos y mordaces como sables. Si Austen hubiera vivido en la primera mitad del s.XX, habría trabajado como dialoguista para los guiones Ernst Lubistch, o para Billy Wilder. Sus adaptaciones a la pantalla deben ser de las pocas adaptaciones literarias en las que el 90% de los diálogos de la película son, efectivamente, extraídos del libro. Dejo un ejemplo, y próximamente continúo con otra de las cimas de Jane Austen en Orgullo y Prejuicio: la invención del moderno personaje femenino en la literatura. [b]Extracto de “Orgullo y Prejuicio”, capítulo 20[/b] (Elizabeth Bennet, joven protagonista de la novela, acaba de rechazar la proposición de matrimonio del viscoso señor Collins; su madre, la sra Bennet, se ha enfadado con ella e insta al padre a que la reprenda; el señor Bennet accede a ello.) (…) [i]La señora Bennet tocó la campanilla y se convocó a la señorita Elizabeth a la biblioteca. -Ven aquí, hija mía-exclamó su padre al verla aparecer- Te he mandado llamar por un asunto importante. Tengo entendido que el Señor Collins te ha hecho una proposición matrimonial ¿Es eso cierto? Elizabeth respondió afirmativamente. -Muy bien y tú ¿has rechazado ese ofrecimiento? -Así es, señor. -Muy bien, ahora llegamos a lo más importante. Tu madre insiste en que aceptes ¿No es así, señora Bennet? -Así es, o de lo contrario no volveré a verla nunca más. -Tienes ante ti una triste disyuntiva, Elizabeth. A partir de hoy serás una extraña para uno de tus padres: tu madre te repudiará si no te casas con el señor Collins y yo te repudiaré si te casas con él. [/i]

50 AÑOS DE LA MUJER EN EL ROCK V

Autor: Diana
Fecha: 6 Ene 2007
CANCIÓN: Walking on Sunshine - Katrina and The Waves [GB, 1985] Pues sí: los ochenta fueron la edad de oro del pop. Y entre hits de Madonna y otras divas, me quedo con Katrina y con esta joyita, una de las canciones más optimistas y alegres jamás escritas. Recuperada gracias a la película “Alta Fidelidad” (donde la elevaban a la categoría de alegrar un lunes por la mañana), es todo un himno pop. Y, sobre todo, es 80´s en estado puro. Katrina and the Waves fue grupo de un solo hit, que volvió a reunirse, desgraciadamente, en 1997, para representar a Gran bretaña en Eurovisión (:-o ) y además ganaron (¿¿!!). En fin, olvidemos lo prescindible y quedémonos con la música, con la voz de Katrina Ledesnik y la letra de Kimberley Rew. ALBUM: Sister, Sonic Youth [EEUU, 1986] No es, en absoluto, un album representativo del mainstream del rock y pop de los 80. Podrían haber estado aquí Get Close de The Pretenders, Solitude Standing de Suzanne Vega Whammy! de B-52´s, y muchos, muchos otros. Pero, paralelo al camino “oficial” del pop también se habrían hueco bandas 100% alternativas (otras con representación femenina: The Cowboy Junkies, The Fall, The Cramps, Dream Syndicate...). Bandas que dejarían el terreno allanado para la explosión de rock alternativo de los 90. Así, frente a la hiper-producción, la profesionalidad llevada al extremo y el pop preciosista de los grandes hits de los 80 –como Madonna- Sister abanderó el territorio paralelo. Un territorio marcado por la negación de absolutos (podían ser los más ruidosos, como en Stereo Sanctity, o acercarse casi al pop, en canciones marcadas por la melodía, como Beaty lies in the eye). Un territorio de experimentación extrema (White Cross, Catholic Block) y de revival de sonidos de los 60 más sucios y atrevidos, de los Sonics y la Velvet más furiosos (Hot Wire my Heart). Un territorio en el que la producción o el virtuosismo perdían puntos frente a la innovación, la energía, la frescura y el atrevimiento. Los 90 verían el nacimiento de muchísimos vástagos de este grupo y este sonido. PERSONALIDAD: Kendra Smith Kendra fue co-fundadora, junto a Steve Wynn, de The Dream Syndicate, y responsable en buena parte del sonido de esta gloriosa banda de LA. Sus inconfundibles líneas de bajo son parte fundamental de su mejor lp, Days of Wine and Roses. También dejó la particular imprenta de su voz en clásicos como “Too little, too late”. Tras el último trabajo de la banda formó un grupo, Rainy Day, junto a dos ex Bangles y dos ex Rain Parade, que sólo editó un lp. Kendra formó entonces su propia banda, Opal (combo que después, ya sin ella, y con Hope Sandoval, pasaría a ser Mazzy Star). Opal es un clásico underground, en el que Kendra y sus compañeros despliegan toda su fe en el sonido velvetiano, aunque con personalidad propia. Sólo tuvo un verdadero lp –Happy Nightmare, baby- dos EP´s y un último lp recopilatorio de primeras grabaciones. Kendra prosiguió su carrera en solitario, con tres grabaciones, de la que destaca “5 ways of disappearing”. PARA NO OLVIDAR. * Vuelven la moda sixties y con ella, las girl-bands, encabezadas por algunas más memorables –como las Bangles- y otras menos. * El rock oscuro hace de las suyas, ahí queda Siouxie and the Banshees. * Es el momento de las grandes damas del pop-rock (Annie Lennox, Chrissie Hynde, Suzanne Vega, Madonna o Alaska). * Es la década en la que las mujeres empiezan de forma común a formar parte de grupos en igualdad con sus compañeros masculinos, y tocando cualquier instrumento: Guitarristas como Poison Ivy (Cramps), bajistas, (The Fall), bateristas (Go-Betweens)… Y POR ESTOS LARES…: Las Vulpess - Me Gusta Ser Una Zorra, todo un himno punk. Que sí, que había decenas de grupos para elegir: Kaka de Luxe, Objetivo Birmania, Aerolíneas Federales, Alaska, Betty Troupe, Desechables, Las Chinas, la Ana Curra de Parálisis Permanente o, en fin, los más que cuestionables Mecano. Pero me quedo con las Vulpess, la más genuina adaptación de los Stooges al terreno patrio. UNA PEQUEÑA JOYA QUE NO TODO EL MUNDO CONOCE: Beat Happening: La banda de Calvin Johnson y Heather Lewis fue inclasificable y, a la vez, ayudó a sentar las bases de lo que sería el indie de los 90: sus canciones fueron un alegato en pro de la sencillez y la imaginación, del sentido del humor y el minimalismo arreabatado; canciones sin procesar, emociones primitivas en instrumentos tocados sin virtuosismo ninguno: en suma, un choque frontal al pop más comercial de la época.