«La Rodríguez»

 

Autor: marina

No quiero ser «Rodríguez»… ni «Hernández»

Es gracioso pensar en las vueltas que ha dado la vida de un tiempo a esta parte, y digo gracioso por no ponerme a adjetivar, cada uno de los cambios que han hecho que pasemos de ser mujercitas abnegadas en el hogar conyugal a convertirnos en unas fantásticas féminas independientes y realizadas. Me explico:

Durante el mes de julio me convierto en una auténtica «Rodríguez», pero no os creáis, nada que ver con el estereotipo de hombre que se quedaba en casa frotándose las manos mientras su parienta marchaba al pueblo con los churumbeles cogidos a sus faldas.

Yo me quedo aquí, en compañía de mi perro, por aquello de no sentirme tan sola. A las siete y media engullo un resto de tostada a la vez que le paseo para que haga «sus cositas», luego cambio las chanclas por tacones agradeciendo que no se me olvide tal extremo y monto en el metro rumbo al trabajo. ¡Qué calores¡ cuando llego necesito otra ducha para no oler a montuno pero me esperan agazapados en la mesa cuadrículas y balances aún más sofocantes.

Sobre las cinco, mis ojos hacen chiribitas. Estoy sola, puedo ir de rebajas y fundirme la visa, para algo tiene que servir haberme quedado levantando el país. Cielos, que egoista soy, debo darme prisa, mi fiel compañero de cuatro patas me espera moviendo alegre su rabito. Sí, a la calle otra vez en busca de una sombra para no terminar presa de un colapso.

Después, a las seis y cuarto por fin la tarde es mía, sólo mía. Saco perezosa la lista de cosas por hacer: Limpiar la cocina a fondo, ordenar armarios, romper y clasificar la correspondencia de bancos acumulada durante casi un año, untar de blanquín las baldosas…qué estrés, pero hay que hacerlo ahora que hay tiempo, total es un momentito.

Cuando termino todos los quehaceres casi ha concluido la semana en la que mi marido se ha marchado rumbo a cualquier destino cómodo y barato, de ésos en los que no hay que cocinar y va todo embutido en un paquete, que con poco esfuerzo y mucha imaginación hace las delicias de cualquiera.

Decirme ¿Tiene que ver en algo el «Rodríguez de entonces con la «Hernández» de ahora?.

Prometo que si el año que viene no me coinciden las vacaciones con las de mi marido, meto al perro en una residencia y me inoculo una buena dosis del virus del sarampión para por lo menos, descansar.

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