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Una sonrisa, por favor

Una sonrisa, por favor 1Con lo fácil que es dar una sonrisa y lo mucho que nos cuesta a veces.

El otro día, comentaba con una amiga, lo contenta que estaba por el agradable y simpático trato que había recibido de la cajera del banco.

Me entraron ganas de tener mucho dinero para pasarme el día haciendo transacciones monetarias en esa oficina.

Es curioso que nos parezca sorprendente y digno de mención especial (o al menos, a mí me lo parece) que seamos despachados con alegría y simpatía, cuando eso tendría que ser habitual, ¿no?

Cuando, en alguna ocasión, me he encontrado con una cara larga al otro lado del mostrador, que no ha cambiado ni levemente aunque yo haya desplegado todos mis encantos, he sentido cierta compasión y lo he disculpado pensando que, tal vez, le he pillado en su peor día. Pero, cuando el peor día resulta ser el mismo para tantas personas que están cara al público, dejo de creer en la casualidad.

Lo que me lleva a pensar si realmente es coincidencia astral que todos compartan el mal día, o tal vez se trate de gente que no sabe trabajar de cara al público.

Me canso de justificar la actitud soberbia, maleducada, antipática y aburrida de la gente que tiene que tratar con gente. Si no vale para eso, que se busque otra ocupación. A mí me gustaría ser modelo pero no doy las tallas, ninguna. De hecho, si las doy, me las devuelven porque me sobra por todos lados.

Hay quien me puede decir que lo que un cliente quiere cuando busca atención es que le solucionen el problema o le den la respuesta que busca. Lo importante es la efectividad, sea o no con una sonrisa.

Podría estar de acuerdo cuando se trata de alguna cuestión de relevancia, como problemas de salud, por ejemplo. Pero, cuando solamente quieres que te ingresen un cheque o que te despachen el pan, ¿no es mucho mejor si lo hacen con una sonrisa, igual que yo se lo pido con cortesía y simpatía?

 

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