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Viaje a Roma

Con lo que me gusta la historia cuando mi marido me propuso un viaje a Roma la idea me pareció fabulosa.

Estuvimos en un hotel de 4 estrellas en una calle céntrica próxima a la estación de trenes y muy cerca de la zona histórica. El primer día nos dimos un palizón andando, lo normal al no conocer una ciudad.

Visitamos en nuestro segundo día las termas de Caracalla, que disfruté muchísimo y las catacumbas de San Calixto.

¡Jo! impresionantes, enormes, cientos y cientos de nichos recorren múltiples pasillos en un entramado laberíntico de pasillos donde de vez en cuando se abría un espacio mayor reservado a una única familia, evidentemente adinerada con pinturas de la época. Las explicaciones fueron, así mismo, muy buenas.

El tercer día, hicimos un recorrido guiado a los museos vaticanos, a la basílica de San Pedro, a las ruinas de la Acrópolis, el Panteón, el coliseo, a la plaza de Nabona y la fontana de Trevi.

De lo poco que pudimos ver de los museos lo que más me impresionó, a parte del jardín que se encuentra a la entrada, fueron las estatuas y los restos de estatuas que quedan.

Siento decir que la capilla Sixtina, donde se encuentran las famosas pinturas de Miguel Angel, no me impresionaron, es más lo que muestran las imágenes en documentales y revistas no muestran la sala en su realidad. La Basílica tampoco me impresionó, no se si de tenerla ta vista o qué, pero no me emocionó nada.

¡Por cierto!, si tenéis pensado ir a visitarla, está prohibido ir en pantalón corto y sin mangas, si lleváis estas prendas no os dejarán pasar.

Las ruinas de la Acrópolis, el panteón y el coliseo me hicieron viajar al pasado.

La fuente de la plaza Nabona, que representa los cinco rios conocidos por entonces me encantó. Pero la fontana de Trevi, bueno pues eso, que es bonita.

Si tuviera que hacer una valoración general de la ciudad, no sería a uno de los sitios a donde yo recomendaría viajar.

Es una ciudad sucia, sucias las calles, sucio el transporte público, sucio el hotel. Los romanos fueron especialmente antipáticos.

El tráfico no respeta lo pasos de cebra y a veces ni los semáforos, te lo creas o no, lo coches te esquivan según vas cruzando el paso de peatones.

Las indicaciones turísticas eran muy poco explicativas y complejas.

La ciudad en sí, no es bonita, las aceras son de cemento, los edificios que tenemos aquí, son mil veces más bellos.

Solo se salva el trastevere, que es igual a las películas italianas en las que salen las calles estrechas con la ropa colgando de los balcones.

Es cara, la comida, el transporte, la entrada a los recintos y la tasa que debemos pagar todos los turistas, ahora no me acuerdo como se llama, que ascedía a 5 € diarios por persona.

Roma se puede ver en dos días, no se necesitan más.

 

 

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