Viajes, fábulas y otras travesías

En estos días en que unos vienen y otros van vuelvo a hablar sobre los viajes para destacar las opiniones que, sobre ellos, tiene el escritor Manuel Vicent.

Preguntado en una entrevista dice que “viaja con una maleta mínima porque el espacio es infinito y esto significa que puede ser inmenso o mínimo”, o sea que “ todo el universo cabe en una maleta pequeña si el espacio lo conviertes en una cosa mental…”Fuerte, ¿no?

Pero vamos a lo físico ¿qué lleva este escritor en la maleta? “Seis camisas, seis calzoncillos, seis calcetines, los instrumentos de afeitarse, una chaqueta y tres pantalones, todo bien ordenado y bien doblado” y por supuesto “un bloc pequeño y un bolígrafo para que las ideas no se diluyan en el espacio”. Perfecto, así ese espacio mental lo convertirá, como siempre, en una obra de arte. Pero lo asombroso es que no lleva libros. Y lo justifica mejor que bien: “para mí el libro es el paisaje y, sobre todo, la gente, los rostros de la gente. Llevarte un libro de casa es como ir a un buen restaurante y llevarte un bocadillo”. Gracioso ¿no?, y sigue: “cuando voy a un lugar sólo me interesa el libro que la gente lleva escrito en su rostro”, y no le falta razón, en cada de nosotros hay una historia porque la cara –como decía mi abuela- es el espejo del alma. Está claro que ni para dormir necesita un libro, señal de que duerme como un bendito. A preguntas del entrevistador sobre algún libro de viajes, claro está, sólo recomienda el suyo Viajes, fábulas y otras travesías. Un libro que comprende 11 países y 18 ciudades recorridos que le dejaron huella.

Considera Vicent que “uno conoce una ciudad cuando se enamora en ella…”  Teniendo en cuenta que me voy de fin de semana largo, lo que serán mis minivacaciones; estoy haciendo la maleta que en nada se parece a la suya, conozco la ciudad donde voy, estoy enamorada y llevo un par de libros. ¿A qué voy entonces? Como no tengo nada claro que sea escritora: a bañarme, comer pescaito y a dormir.

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