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Depilación invernal!

Una de las cosas que más me gusta del invierno o, quizás, una de las pocas cosas que me gusta del invierno, es el poder usar medias tupidas, leotardos, leggins, mallas y todas esas prendas que cubren las piernas en su totalidad. Además de por el efecto térmico que produce – que ya podían inventarlas con calefacción- es porque ocultan un oscuro secreto; ¡los pelos!

Sí, lo admito; en invierno, me depilo menos. Supongo que no seré la única, aunque es un tema que no se suele reconocer públicamente, como el que ve los programas del corazón, que no lo reconoce abiertamente, sino que declara que se entera de los cotilleos cuando hace zapping.

Evidentemente, resulta mucho más estético y atractivo llevar unas piernas depiladas, suaves y bronceadas y a mí me encantaría que así fuera. Pero para eso, te tienes que depilar, claro y a mí, en invierno, pues como que me da más pereza. Además que no puedes conformarte sólo con depilarte, también tienes que frotarlas con un guante de crin para abrir los poros y que los pelillos no se queden dentro y untarte con ciertas cremas que hidratan la piel y dan más brillo y suavidad. Y, repito, me da mucha pereza pues, total, las voy a tener tapadas la mayor parte del tiempo y, a mi pareja, llega un momento que no le importa lo que cubran mis pantorrillas, ya sean pelos o calcetines de cuello vuelto, cuando dejo otras partes del cuerpo sin cubrir.

Sí es verdad que, en alguna ocasión pienso que si por un casual, me girara un pie o sufriera cualquier pequeño accidente que me obligara a enseñar las piernas, iba a pasarlo bastante mal y no precisamente por el dolor.

Ahora que se acerca el verano y que salir con leotardos puede ser algo incómodo, ya no me puedo escaquear de esta tarea, para mí, tan molesta. Y no sé si se lleva, es recomendable o está en desuso, pero yo recurro a la maquinilla porque no hay cosa que me de más rabia que estar un buen rato arrancando pelos, con el consecuente dolor, para que luego siempre se quede alguno despistado que se ha escapado de la poda. Y encima, a los dos días, vuelven a asomar algunos pelos precoces que no se rinden ante el ataque, y vuelta a empezar.

Quien inventó la depilación, seguro que lo hizo en invierno y que, después de inventarla, decidió inventar los leotardos.

 

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