Derecho a Morir

Inmaculada Echevarría, de cincuenta y un años y enferma de distrofia muscular progresiva, consiguió la autorización para que desconecten el respirador que la mantiene con vida

Ingresada en el Hospital San Rafael de Granada desde hace nueve años, padece esta enfermedad desde los once y está sin poder moverse desde los treinta, pudiendo hablar con dificultad por haber perdido musculatura en la cara, lengua y cuello, además de haberle sido practicada una traqueotomía para que no muriese por asfixia. De nuevo surge la polémica sobre quién decide sobre la vida de una persona, que desea morir.

A mí me parece una crueldad mantener con vida a una persona en esas condiciones en contra de su voluntad. ¿Quiénes son los demás para decidir por ella, que está firmemente convencida de lo que desea?. No es ninguna enferma mental, no es producto de una desesperación momentánea y sus expectativas de cambiar la calidad de su vida son cero. Lo lleva diciendo años, pidiéndolo.

Los que están en contra de la desconexión del respirador se basan en unos criterios que llaman éticos y/o religiosos. Les pregunto si es ético obligar a vivir, con medios artificiales, a una persona dependiendo de una máquina sin poder moverse, en un hospital durante años y años, sin ver el sol, en la soledad y la angustia de que llegue un nuevo día.
«No es justo vivir así, mi vida es soledad, vacío y opresión«, «Me noto peor, más cansada, pero no es esta mala racha la que me ha llevado a solicitar ayuda para morir, porque es algo que tengo claro desde hace mucho tiempo» dice Inmaculada. Para ella la vida «no tiene más sentido que el dolor y la angustia de ver que amanece un nuevo día para sufrir y esperar que alguien escuche, entienda y acabe con mi agonía«. «Asumo mi enfermedad pero no los métodos artificiales de alargarla de manera inútil, aumentando el dolor y desesperación que ya sufría y que esperaba acabara con la muerte natural«.

Pedía una inyección que le parase el corazón, aun consciente de que la eutanasia no está permitida en España, porque piensa que la desconexión del respirador sería una muerte cruel y angustiosa.

El caso de Inmaculada Echevarría se parece al de Jorge León, un tetrapléjico de 53 años que murió en mayo pasado ayudado por una mano no identificada que le sedó y le desconectó del respirador que lo hacía vivir.

Tampoco olvido el caso de Ramón Sampedro, que fue llevado al cine con la película «Mar adentro» de Aménabar. Sin embargo, Inmaculada manifestó que no quería morir como él.

Ahora la Junta de Andalucía, después de los informes del Comité Ético, autoriza la desconexión de la máquina de respiración asistida y la sedación de la paciente. No era lo que ella pedía en un principio; pero al parecer recibió bien la noticia.

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