Educación para la igualdad

La violencia de género y otras conductas sexistas extendidas en nuestra sociedad necesitan ser abordadas, para su erradicación, desde todos los ámbitos: uno de los más importantes es el educativo.

El sistema educativo español incluirá entre sus fines la formación en el respeto de la igualdad entre hombres y mujeres y la eliminación de los obstáculos que la dificultan, así como la formación para la prevención de conflictos y para la resolución pacífica de los mismos.En este sentido, se establecerán programas para los distintos niveles de la enseñanza en los centros docentes y planes de formación del profesorado. También se eliminarán todos los materiales educativos sexistas o discriminatorios.

No obstante y pese a ser una buena iniciativa, pienso que la educación empieza en el seno de la familia, pues poco podrán hacer los maestros y profesores, si en casa se vive algo muy diferente a lo que ellos enseñan.

La mujer vuelve a tener un papel esencial en este aspecto, ya que a ella le corresponderá incluso reeducar a su pareja ,en el caso de que se trate de un hombre, pues la mayoría de los varones – aun de generaciones recientes – fue educada con modelos sexistas y, pese a que se van superando lentamente ciertos patrones de conducta, todavía queda mucho camino por recorrer.

Las propias mujeres tenemos aun muy aprendidos esos modelos y seguimos funcionando con ellos sin darnos cuenta. Al margen de las que ya se autodenominan “machistas”, que afortunadamente cada vez son menos, la mujer del siglo XXI debe reconocer cuáles son sus propias actitudes y pensamientos de desigualdad respecto al hombre en un sentido que, al fin y al cabo, le perjudica.

Desde luego, aun existen hombres que no quieren que sus parejas femeninas trabajen fuera del hogar o que consideran que las tareas domésticas son propias de la mujer, y, aparte de estos casos bastante extremos – y más de índole similar- , no faltan –incluso entre los que se pueden considerar más avanzados- quienes hacen chistes fáciles, utilizan expresiones y manifiestan posturas, en ocasiones muy veladas, discriminatorias, que son secundadas por las mujeres casi de forma rutinaria.

Lo que los hijos ven y oyen a diario es aprendido por ellos y así será su comportamiento, presente y futuro.

La inteligencia y el sentido común, pienso, son las armas de las que disponemos para educar, reeducar y reciclarnos, ya que no podemos convertir nuestros hogares en un campo de batalla, con discusiones, correcciones y reproches constantes.

No se trata, a mi manera de ver, de pretender una igualdad absoluta, pues la diferencia de sexos es indiscutible y ello conlleva una distinción, que se hace patente en ciertos aspectos y sectores de la vida; pero no debe dar lugar a marginaciones, prejuicios y perjuicios.

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