El ataque de las medusas I

En la mitología griega, Medusa era una mujer con el cuerpo de víbora y la cabeza sembrada de serpientes, con el poder de convertir en piedra a todo aquel que la mirara directamente a los ojos. En la actualidad, su aspecto no es ni mucho menos tan monstruoso, pero nos quedamos igualmente de piedra cuando las vemos en la playa.

Las medusas son animales que pertenecen al grupo de los cnidarios. El 95% en peso de su cuerpo es agua (65% en el caso del ser humano), de ahí su aspecto gelatinoso. De hecho, en inglés, «medusa» se dice «jellyfish», que literalmente se traduciría como «pescado de gelatina». Todos los cnidarios se caracterizan por tener unos tentáculos dotados de miles de células urticantes (cnidocistos) con los que capturan sus presas y se defienden de posibles depredadores. Estas células se activan por simple contacto y, al igual que el monstruo mitológico, continúan golpeando aunque la medusa esté muerta.

Estos animales se impulsan con contracciones rítmicas de su cuerpo y principalmente dependen de las corrientes marinas para desplazarse. Habitualmente viven alejadas de la costa formando bancos, pero periódicamente y de forma natural se aproximan al litoral fastidiando a los bañistas de nuestras costas. Se ha observado que, a pesar de tener una recurrencia irregular, verano tras verano, las medusas llegan más a menudo y en mayor número. Entre las que nos visitan más a menudo encontramos la Pelagia noctiluca y la Rhizostoma pulmo.

Fuente: el mundo

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