El viaje de tu vida

Autor: Valeria

¿Indecisa sobre el destino de tus próximas vacaciones? ¿Es realmente importante el destino en sí? Llevo la mitad exacta de mi vida trabajando. Y, pese a ser medio andaluza, no estoy en absoluto exagerando.   El pasado 12 de febrero cumplí 36 (que tampoco son tantos, digo yo), pero en septiembre de hace 18 añitos (¡ay!), firmé mi primer contrato laboral en una agencia de viajes.¡ Cúantas cosas han cambiado desde entonces! La mayoría a mejor, no me cabe duda. Por dejar constancia de alguna, se me ocurre la popularización de los viajes. Sí, desde luego eso después ha dado lugar al llamado «turismo de masas» (del que ahora está de moda huir despavorido), pero, bien pensado, eso mismo ha conllevado a la proliferación de rutas alternativas, al turismo de relax y salud, al turismo rural (que tanto está favoreciendo a pequeños pueblecitos acuciados por la despoblación), a los forfait «a la medida…»

Hace años (no muchos, la verdad), el viaje estrella de las lunas de miel era Tenerife. Tanto, que en el gremio turístico, se denominaba a la isla como «la polvera nacional».  Por supuesto no es mi intención ofender a esa maravillosa ínsula canaria, sólo quiero referirme a que eran muy pocos los que podían permitirse el lujo de «cruzar el charco», por ejemplo, o, mucho menos, de irse de crucero por las islas griegas.

Ahora, a Tenerife van los viajes de estudios de Secundaria, y el «paso del Ecuador» se celebra en Punta Cana. Impensable hasta hace poco. Unos precios bastante asequibles han sido los artífices de este cambio en las preferencias del viajero.
Dicho ésto, voy a hablaros de cúal debería ser el viaje de tu vida, ese tan único y especial.

Hay tantos destinos ofertados hoy en día, que la gama es variadísima: la exótica Thailandia y las playas de Phuket, el cercano y cálido Túnez, el fascinante Egipto, la tremendamente cultural Italia, el charme de los parisinos, la cosmopolita New York, nuestras bellas islas (incluyendo por supuesto a la tinerfeña), el misterioso Estambul, la sorprendente Croacia, los ultra all-inclusive caribeños… La lista es interminable.

Cualquiera podría configurar el viaje de tu vida. O no.

Por mi experiencia, se a ciencia cierta que el destino perfecto no existe: ni el más exótico, ni el más lujoso… ninguno safisface al cien por cien.

Quizás os pregunteis la razón. Bien, la respuesta es fácil: todo el engranaje turístico lo conforman y se apoya en las personas. Desde la azafata que se encarga de nuestras maletas al facturar en un vuelo, al conductor que nos traslada hasta el hotel, al guía que nos acompaña en un circuito, al recepcionista de turno, etc.

Cualquiera de ellos puede cometer un error, un descuido y es lógico ¿no? ,todos sabemos que equivocarse es inherente al género humano.

Lo hago yo, mientras escribo éstas líneas en lugar de vigilar atentamente el pitido de la olla rápida que acuna al estofado (¿han pasado los quince minutos de rigor?); lo haces tú, que estás leyendo este artículo desde la oficina, en lugar de terminar ese informe urgente que acabarás deprisa y corriendo, obviando casi seguro algún dato importante…

En fin, como decimos en el sur, en todas partes cuecen habas, así que la próxima vez que partas de vacaciones, abre tu mente, sé comprensiva, piensa que una maleta perdida no es el fin del mundo (a no ser que hayas escondido en ella a tu recién estrenado consorte, claro). Sopesa que ese guía que insiste con grandes aspavientos en que compres los souvenirs en un comercio en concreto, probablemente llegue muy apurado a fin de mes (como tú y como yo, por otra parte). Sé amable con quien te recibe a las tres de la madrugada en un aeropuerto porque, seguro, seguro, tiene el mismo sueño que tú.

Poco importa el destino que elijas; recuerda que estás tratando de tus merecidísimas vacaciones y lo mismo da que estés viendo el amanecer desde el Monte Sinaí (impresionante, por cierto), a que compartas un espeto de sardinas en un concurridísimo chiringuito de Torremolinos.

Disfruta estés donde estés. Y saborea a tope el viaje de tu vida.

P.D.: Yo intento siempre que el siguiente viaje sea el único y especial, aunque me encuentre a menos de cien kilómetros de casa. Y funciona.

Valeria Tittarelli

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