La botella – Los psicólogos hablan.

¿Cómo la ves? ¿Medio llena o medio vacía? 

Dice Martín Seligman, psicólogo de la Universidad de Pensilvania, que «el optimismo está muy relacionado con la responsabilidad que asumimos o no las personas ante aquello que nos ocurre».

En definitiva, el optimista se hace y se sabe responsable de aquello que le sucede y, por tanto, se cuestiona qué es lo que puede hacer para rectificar, mejorar o cambiar una determinada situación.

Por el contrario, el pesimista tiende a sentirse impotente frente al mundo o incluso frente a sí mismo y espera pasivamente a que sean las circunstancias externas las que cambien.

Los optimistas tienden a interpretarse más como causas de aquello que les ocurre, mientras que los pesimistas tienden a sentirse efectos de las circunstancias exteriores.

Otra diferencia interesante es que el optimista tiende a percibir los aspectos positivos de sí mismo, del otro y de la realidad que le rodea, mientras que el pesimista se concentra en los aspectos negativos. En consecuencia, las emociones del optimista se mueven en un espectro que incluye el coraje, el entusiasmo, la pasión, la confianza, la esperanza o el ver los errores como oportunidades par aprender.Por su parte, el pesimista tiene un mayor riesgo de sufrir problemas emocionales, ya que demasiado a menudo el sentimiento de culpa e impotencia facilita la sensación de fracaso y la percepción de imposibilidad de cambio o mejora.

Y para concluir, podríamos decir que tanto uno como otro acaban algún día muriendo, pero la diferencia está en cómo han vivido la vida.

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