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La primera impresión

En estos días se ha conocido el resultado de un estudio del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad de las Islas Baleares sobre la diferente forma de percibir la belleza por parte de hombres y mujeres. Al margen de que se activen zonas del cerebro diferentes, que tendrá su aplicación en neuromedicina, lo que me ha llamado la atención de las conclusiones es que la percepción de otras personas, objetos e incluso paisajes y la posterior sinapsis de las neuronas se produce en milisegundos. En ese tiempo ya hay una impronta en el cerebro ¿Será suficiente para considerar que se ha formado una primera impresión sobre otra persona? El primer impacto que se produce al conocer a alguien es importante ya que va a condicionar la relación inmediata con esa persona.

En cuanto observas a una persona, sin que haya mediado palabra alguna, ya te haces una idea de cómo es. Percibimos los mensajes que nos envían su forma de vestir, el estilo general, los colores, los tejidos, las hechuras, la combinación de prendas y cómo le queda lo que lleva. También se percibe su forma de caminar que puede ser vacilante, segura, pisando fuerte, dejando caer todo el peso en cada paso o bien con ligereza y gracia. El cuerpo se puede llevar encorvado pareciendo triste o decaído o bien recto, con los hombros hacia atrás, la cabeza mirando al frente con seguridad o la barbilla levantada en exceso transmitiendo altivez.

También son los “microgestos“, esos que se hacen con las cejas, la boca, la cabeza, etc. los que van a dar información que se procesa inconscientemente y ayudan a configurar la primera impresión.

El rostro expresa estados de ánimo que no siempre coinciden con la realidad interior y pueden ser malinterpretados. Un ceño fruncido que puede indicar enfado a veces se debe a que esa persona está muy concentrada en sus pensamientos, o a que le molesta el sol. Gestos rudos pueden esconder caracteres amables.

Al saludar, el contacto con la mano, la forma en que se invade nuestro espacio personal, los olores, el gesto del rostro, la expresión verbal, el tono de voz, etc. completan esa primera impresión.

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No podemos evitar comunicar sobre nosotros mismos aunque los mensajes se interpretan según los códigos del que observa por lo que debemos cuidar lo que transmitimos. Para ello es una buena ayuda preguntar al que ya nos conoce y con el que tenenos confianza para que nos cuente lo que pensó al vernos por primera vez. Si estas apreciaciones no están en la línea de lo que queremos transmitir, habrá que trabajar para cambiarlo.

Es tranquilizante saber que esa primera impresión se puede modificar con el tiempo aunque, quizás, no exista otra oportunidad para cambiarla.

Montse Calvo. Imagen y Comunicación Personal

www.montsecalvo.es  www.prosum.es

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