Pero, ¿cómo puede ser todo ecológico?

 

No, me digo, no puede ser oro todo lo que reluce como verde, sin embargo es asombroso como nos apropiamos de las palabras para vender más.

La cualidad de «ecológico» lleva más de una década incorporada a algunos productos y servicios. Pero el ingenio del ser humano es mayor y, para evitar engaños, diferentes organismos analizan y certifican con etiquetas y logotipos esa cualidad de respeto ambiental de algunas marcas. Hace relativamente poco se logró ganar la batalla de que sólo los productos derivados de la agricultura y la ganadería ecológica podían llevar el término bío, pero aún hay empresas y establecimientos que no ofrecen esta información.

Además de los productos alimenticios, otros como: bombillas, lavadoras, hornos eléctricos, combustibles…, deben presentarse acompañado de un certificado de origen ecológico. Estas son algunas direcciones que nos ofrecen información:

Instituto para la Diversificacion y Ahorro de Energía

Sociedad Española de Agricultura Ecológica

Catálogo de la etiqueta ecológica europea

Sitio web del FROM

Fundación ECOTIC

SIGRE: Medicamento y Medio Ambiente

Hoy día, no hay más remedio que bucear en ellas, no sé si, para aclararnos o liarnos más.

Todo esto, claro, si no se tiene una huerta a mano y si además tu frutero de confianza, el que te dice al menos de donde viene cada cosa, se ha ido de vacaciones.

Yo, la verdad, lo que echo de menos es las verduras del pequeño huerto que mi padre tenía detrás de nuestra casa del pueblo. ¡Qué lástima, entonces no había cámaras digitales!, me hubiera gustado mostrároslas.

Por cierto, una amiga me ha prometido para este fin de semana tomates de huerta. Si lo consigue espero hacer un gazpacho con sabor. ¡HUMM, QUÉ BUENO!

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