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Publicidad engañosa

Publicidad engañosa 1Ya me he dado cuenta de que los rizos perfectos que anuncia los champús que te proporcionan los rizos perfectos, no existen. A no ser que los tengas de serie o te los cree un peluquero experto tras darle varias horas al secadro.

Me ha costado algún tiempo y varias prácticas con esos champús. Sin embargo, no soy capaz de negarme a probar las máscaras que te hacen unas pestañas que parecen postizas.

Y me gasto una pasta en probar ese nuevo rímel que asegura te proporciona una mirada felina, unas pestañas de infarto, unos ojos que no parecen ni tuyos. Y, automáticamente, me doy cuenta de que mi mirada no es felina, mis pestañas no son de infarto y mis ojos, siguen pareciendo los míos.

No es cierto que la máscara te alargue las pestañas, ni que las haga más tupidas, aunque las chicas del anuncio así las muestren. Tras varias intentonas, he llegado a sospechar que las chicas del anuncio ¡llevan pestañas postizas! ¿Eso no es publicidad engañosa?

Del mismo modo, si mi hijo se reboza por el barro y se llena el jersey de manchas más grandes que el Océano Pacífico y lo meto a la lavadora (el jersey, no el niño), ¿va a salir con un blanco reluciente y virginal?

Lo que también he tenido oportunidad de comprobar es que si apilas los vasos, los cacharros y los platos en el lavavajillas y los metes sin enjuagar, por mucho detergente ultra mega súper híper limpiador que utilices, luego salen con algún que otro pegotillo.

De cara a la época veraniega, quiero probar los geles reductores que eliminan la grasa y la piel de naranja mientras duermes y, como no me levante con unas piernas como las del anuncio, entonces sí que los denuncio a todos por engañarme con la publicidad.

Igual pruebo a ponerme la máscara de pestañas en las piernas, a ver si así me levanto con unas piernas extra largas y sin grumos.

 

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