Regalar: ¿obligación o devoción?

 

 

Siempre es buena la época en la que estemos para hacer regalos, sin necesidad de fechas señaladas; pero a veces regalar puede suponer un problema.

Generalmente, se hacen regalos en los cumpleaños, santos, navidades, día de la madre, aniversarios, etc.. Hay quienes los hacen con ilusión y hay quienes los consideran algo absurdo, a lo que nos lleva el consumismo. También se pueden combinar las dos posturas, aunque parezcan, en principio, contradictorias. Evidentemente, el no saber qué regalar y recorrer tiendas y tiendas como un poseso acaba siendo desesperante; pero el tener ganas de hacer un detalle a alguien querido y encontrar el apropiado llena de satisfacción. En este último caso no parece que se trate de una obligación, aunque sea en una de esas fechas creadas por la sociedad de consumo.

Por otra parte, está el destinatario del regalo, que puede recibirlo con gusto o con disgusto, bien porque no esté de acuerdo con esta, llamemos, tradición, bien porque lo regalado no le agrada nada. ¿Cómo elegimos el regalo: para salir del paso, porque nos gusta a nosotros o tenemos en cuenta los gustos o necesidades de la persona a quien va dirigido?.

Tampoco faltan quienes consideran que recibir un regalo es un compromiso, pues -por educación- deberá hacer otro en correspondencia; incluso pueden sentirse obligados a hacer un favor en un determinado momento, lo que incomoda bastante. Pero, al mismo tiempo, muchas veces se regala por agradecimiento a algún servicio o a alguna atención prestada.

¡Ah!, ¿y qué me decís de los enfados a causa de no regalar?.

¿No es un lío? Se puede decir mucho más; pero os lo dejo para los comentarios, de los que sacan conclusiones y se evidencian situaciones muy interesantes.

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