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Si no lo veo, no lo como

El verano amenaza con llegar muy pronto y la primavera ya nos invita a llevar menos ropa, por lo que resulta más complicado esconder o disimular las mollitas. Empieza, por tanto ¡la operación biquini! Pero, ¿cómo se puede llevar bien una operación sin pasar por el quirófano y sin pasar hambre? Están las dietas milagrosas, como la de la alcachofa, o la que está ahora tan de moda, la dieta Dukan pero, cualquier método de adelgazamiento que lleve incluida la palabra “dieta”, me produce una profunda pereza.

El deporte también es muy recomendable para deshacerse de esos quilitos de más pero, hacer ejercicio a mí me da mucha hambre y después de haber quemado las calorías que me sobran con media hora de footing, las recupero con el bocadilling en medio minuto. ¡No es justo!

Estoy poniendo en práctica el método “si no lo veo, no lo como”, pues, muchas veces, se come por los ojos, aunque lo que realmente engorda es lo que te acabas comiendo con la boca, claro.

Si estoy en casa y, de repente, me apetece muchísimo un bocadillo de paté, por ejemplo, o un bollo de chocolate o unas patatas fritas, si voy a la cocina y no encuentro ninguno de estos alimentos, lógicamente, no me los puedo comer. También puede suceder que sea uno de esos antojos irrefrenables que sufres incluso sin estar embarazada y tenga que bajar corriendo al Consum a saciar mi hambre desaforada. Hasta el momento, no he llegado a ese punto. Si no lo veo, no lo como.

El problema llega cuando no vives sola y tanto la nevera como la despensa tiene que tener alimentos para satisfacer los gustos de los miembros de tu familia. A mi pareja, las grasas parece que le resbalan por sus caderas, en lugar de agarrarse e instalarse como hacen en las mías. El pan también se lleva muy bien con la alimentación de los niños que, además, se ponen muy contentos cuando toman algo de chocolate. Entonces, ¿cómo no voy a tener algo de chocolate, bollería o fritos para ellos? Pues, ¡ya le hemos liado! Es muy duro y difícil de controlar el no coger una puntita de pan con nocilla cuando le preparas la merienda a los niños. O hacer una cenita muy elaborada, con sus salsas, sus patatas fritas y su pan crujiente para ellos, y luego cocer una cebolla y una coliflor para ti. ¡No es justo! ¿Cómo hago, entonces, para llevar a cabo mi método “si no lo veo, no lo como”? ¿Cocinando con una venda? ¿De espaldas? ¿Con los ojos cerrados? ¡Vale! Y los abro cuando vaya a cocerse la coliflor. ¡No es justo!

 

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