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Tenerife I

Aterrizar en Tenerife en navidad ofrece a los viajeros un chrisma natural, un paisaje vivo de naturaleza y esplendor.

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Este abanico de colores se complementa en las última noche del año con los estallidos de los fuegos artificiales  que suben al cielo tinerfeño. Se diría viendo esta celebración que aquí, más que en otro sitio, dan la bienvenida al nuevo año como si de una nueva vida se tratara, una renovación de energía.

Despertar en la isla con la visión del Teide nevado y el sol abriéndose paso es una estampa que supera lo imaginado.

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El Teide, un volcán que, con sus 3.718 metros de altitud, vigila altivo sus dominios marinos desde el centro de la isla. Los guanches lo llamaban Cheide y creían que el demonio Guayota tenía en él su morada.Este gran icono dormido es patrimonio de todos los canarios y el volcán más conocido, pero lo cierto es que este espacio natural único alberga varios volcanes. Miles y miles de años de continua actividad volcánica han moldeado la inmensa caldera de las Cañadas del Teide, creando imágenes insólitas de caprichosas formas y colores. Un auténtico regalo para los ojos y, para los que lo visitamos por vez primera, el descubrimiento de una naturaleza indómita y agreste propia de otros mundos.

El llano de Ucanca, Los Azulejos, Los Roques, Montaña Blanca y Montaña Rajada son las denominaciones de algunos parajes más sobresalientes.

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A esta altitud, la climatología ha condicionado el desarrollo de especies vegetales como la retama del Teide, el tajinaste rojo y el azul; su flor, aunque no se puede ver en estos meses de frío, es una de las mayores bellezas del parque como asimismo la violeta del Teide.

La isla ofrece muchos más lugares en los que detenerse…

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