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Tenerife II

En este intenso invierno de nieve, frío y lluvia pensar en las islas Canarias es imaginar un oasis de buen tiempo en el que me gustaría encontrarme de nuevo.
Continuo hablando de Tenerife para destacar paisajes no demasiado frecuentado por el turismo.

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Al noreste de la isla se puede distinguir el macizo de Anaga que, por la biodiversidad que alberga y su especial configuración geológica, cabe considerarlo “otra isla” dentro de Tenerife.

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En él pervive uno de los tesoros ecológicos más valiosos de Europa: la laurisilva. Se trata de un ecosistema que data del Terciario, de tipo subtropical y que aprovecha la  lluvia horizontal causada por los vientos alisios para sustentarse. Forma un bosque húmedo y denso, existente en Tenerife, La Palma y La Gomera.

Penetrar en él tiene algo de iniciático; está sumido en la niebla y tapizado de hongos, helechos y líquenes como en los cuentos. Imaginar ser Alicia e internarnos en él bosque y, al salir, enfrentarnos a dos paisajes reales con vistas inolvidables; por un lado Taganana, por el otro la plata de las Teresitas, muy cerca de Santa Cruz de Tenerife, su capital.

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Y de un macizo a otro en el extremo opuesto de la isla pasamos por Garachico, la que fue capital comercial de Tenerife y nos encontramos de nuevo con la actividad volcánica. La erupción del volcán Trevejo en 1706 prácticamente sepultó su transitado puerto.

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Los brazos de lava que alcanzaron anteriormente el mar forman hoy el Caletón, una zona de piscinas naturales en la costa. Desde Garachico al macizo de Teno hay una carretera que, en un punto cercano a esta punta de la isla, advierte sobre posibles desprendimientos rocosos, pero que los conductores más arriesgados ignoran para contemplar espectaculares acantilados como Los Gigantes, también visible por el lado opuesto desde el puerto de Santiago del Teide.

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Punta Teno,  el nombre por el que también se conoce este macizo, el menos urbanizado de la isla, ofrece al que llega hasta su faro un paisaje abrupto lleno de contrastes en el que la lava negra y las olas de un azul-turquesa transparente se funden en un abrazo espumoso.

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El negro intenso de la lava y la espuma blanca del mar alzándose orgullosa para acariciarla es la imagen que queda después de visitar esta hermosa isla.

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