¿Acné adulto o granitos postvacaciones? Por qué no hay que tratarlos igual

El bronceado puede desaparecer más rápido de lo que nos gustaría. Ese tono dorado que luce la piel durante las vacaciones empieza a perder intensidad poco después de regresar a casa y, en algunos casos, puede venir acompañado de pequeñas imperfecciones, poros más visibles, puntos negros, milium o un aumento de la grasa.

Las altas temperaturas, el sudor, el uso de protectores solares, determinados productos cosméticos y una rutina de cuidado de la piel menos constante durante las vacaciones pueden favorecer la obstrucción de los poros, especialmente en las pieles más propensas a la aparición de imperfecciones.

Sin embargo, la aparición de granitos después del verano no significa necesariamente que se trate de acné. En muchos casos, los puntos negros o las pequeñas lesiones superficiales pueden deberse a una alteración puntual de la piel y desaparecer al recuperar los hábitos habituales de cuidado.

La situación es diferente cuando las lesiones son recurrentes, inflamatorias, profundas o dolorosas, o cuando dejan marcas y cicatrices. En estos casos, es recomendable consultar con un dermatólogo para determinar su origen y establecer el tratamiento más adecuado.

Entre las recomendaciones de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV) se encuentra mantener una higiene adecuada sin recurrir a una limpieza excesiva, evitar manipular o exprimir las lesiones y optar por productos cosméticos no comedogénicos o formulados como oil-free, especialmente cuando existe tendencia a la aparición de imperfecciones.

Así, aunque el verano pueda terminar dejando algún recuerdo menos deseado en nuestra piel, recuperar una rutina de cuidado adecuada puede ayudar a que vuelva progresivamente a su estado habitual.

Antes de tratar, entender

Victoria Jane Hiscock, experta clínica en skincare, educadora y especialista en beauty-tech de STYLPRO™, habla también desde la experiencia personal: convivió con acné quístico antes de convertir la educación cutánea en parte esencial de su trabajo.

“Sé lo desesperante que puede ser necesitar respuestas y no encontrarlas. En un mundo de belleza rápida y desinformación terminas probando todo tipo de cosas sin obtener resultados”.

Precisamente por eso, frente a la tentación de multiplicar productos después del verano, defiende una rutina medida: “Tendemos a sobreestimar lo que puede conseguir un tratamiento y a infravalorar lo que hacen seis meses de hábitos sencillos y constantes. La piel no necesita veinte productos”.

Carmen Navarro, pionera de la estética profesional en España y primera en incorporar la terapia LED a sus cabinas, lleva el discurso al diagnóstico. No se aborda igual una tendencia acneica que una lesión ocasional ni las marcas que permanecen después. “La luz azul resulta muy interesante para las imperfecciones”, señala. Y sitúa con precisión la frontera entre tecnología y el criterio experto: “Siempre digo que el 50 % del resultado está en cabina y el otro 50 % está en casa. La tecnología nunca sustituirá el conocimiento profesional, el diagnóstico ni las manos expertas”.

Por qué 415 NM – Luz Azul

Tom Pellereau, inventor, ingeniero y fundador de STYLPRO™, aporta la explicación técnica: “La luz azul, alrededor de 415 nm, se utiliza especialmente en pieles con tendencia acneica. Esta longitud de onda interactúa con las porfirinas producidas por Cutibacterium acnes, generando una reacción fotoquímica que ayuda a reducir la carga bacteriana asociada a los brotes”.

La roja, alrededor de 633 nm, y el infrarrojo cercano, en torno a 830 nm, cumplen otras funciones vinculadas a la inflamación y los procesos naturales de reparación cutánea. La selección, por tanto, debe responder al objetivo y no al número de colores: “Más longitudes de onda no significan necesariamente mejores resultados; lo importante es que cada una tenga un propósito”. Y establece una expectativa realista: “La terapia LED no ofrece resultados de la noche a la mañana; ofrece resultados acumulativos. La diferencia la marca la constancia, no la impaciencia”.

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