Días después del fallecimiento de Erika Ortiz, hermana de la princesa de Asturias, reflexionemos acerca de las personas que sufren una depresión tan grave que les lleva al suicidio.
No es la primera ni será la última que tome esa dolorosa decisión, la cual da lugar a opiniones contradictorias y diversas. Se ha dicho de todo: desde que le pesaba el cargo de su hermana, pasando por su egoísmo, su debilidad, su vida difícil, amor no correspondido hasta la falta de cuidados y dejadez por parte de sus familiares.
Me parecen muy osadas esas opiniones, incluso injustificables. ¿Cómo se puede juzgar moralmente a una persona que sufre una depresión?. Es difícil juzgar a cualquiera desde el punto de vista ético, aunque en principio no estemos de acuerdo con alguna de sus actitudes y pensemos que nunca haríamos lo mismo. Puedo entenderlo en algunos casos; pero, desde luego, no lo entiendo en absoluto en el caso concreto de las personas que acaban con su vida.
Para llegar a ese extremo, el dolor que sienten tiene que ser muy fuerte, tanto que no les deja ni pensar en las consecuencias de ese acto, como puede ser el estado en que dejarán a sus familias y en el caso concreto de Erika, en el futuro de su hija, que seguramente sería el motor más importante de su vida.
No faltan quienes afirman haberla visto bien en los últimos tiempos ni aquéllos que aseguran lo contrario. Ninguno leyó su corazón. Ese sufrimiento interior que padecía nadie lo sintió, salvo ella.
La depresión es una enfermedad muy dolorosa y poco comprendida, ya que muchos sólo comprenden las dolencias físicas, las que se ven y palpan, y no las dolencias del alma.
Muchos deprimidos incluso tratan de ocultar su estado por estar en la creencia errónea de que es una debilidad o un fallo de carácter, lo que así piensa también desafortunadamente una gran parte de la población.
Ese sufrimiento interior tan intenso, indescriptible, lleva en no pocas ocasiones a barajar la idea del suicidio y a veces a ejecutarlo.
Tal es el dolor psíquico que una reciente sentencia del Tribunal Federal suizo ha admitido, en principio, que «las personas aquejadas de problemas psíquicos o psiquiátricos puedan igualmente beneficiarse de la asistencia médica al suicidio». No acepta esa sentencia el único deseo del enfermo, que puede estar pasando un momento de gran desesperación; se requiere un profundo examen psiquiátrico. La sentencia pone de manifiesto que la asistencia al suicidio forma parte del campo de las actividades médicas y no es ajeno al ejercicio de la profesión desde el punto de vista médico, ni desde el jurídico ni el ético.
Con esto no quiero que se me interprete como que hago apología al suicidio para las personas deprimidas; lo que intento es pedir sensibilidad a quienes juzgan a una persona que se quitó la vida.