Géneros

Géneros 3

Llevo días tratando de averiguar qué zapatos calzaría la ministra de Igualdad, Bibiana Aído, el día que se dirigió a los miembros y miembras del Congreso. Porque quizás si hubiera subido al estrado con zapatos de tacón de agujas y medias con costura, como las que aún conservo de mi madre, algunos escritores no hubieran arremetido contra ella con tanto furor. Uno de ellos, Arturo Pérez-Reverte, con una verborrea insultante nada apropiada y otro escritor y académico, Javier Marías, éste no la nombra, pero sí calza las A mayúsculas del dibujo introductorio de su artículo (en el enlace no aparece) con zapatos de aguja, además de dejar patente su postura en cuestiones lingüísticas sobre género. Ya hubo otro post aquí sobre las preferencias de estos dos señores sobre las mujeres.  Al parecer, las mujeres a quienes desestimaba entonces -mujeres que no eran como las de antes-, son las mismas estúpidas, tontas o analfabetas que nombra Reverte en su artículo, ¿las miembras? Pero eso sí, sin ensañamiento.

Menos mal que hay otros escritores como Luis García Montero a quien “le gusta la ministra y le gusta escribirlo” (El País, 28-06-08) o, como Adolfo García Ortega que en su artículo (El País, 22-06-08) reconoce que “la importancia del “lapsus” que ha cometido la ministra Aído reside en que, sin querer, ha evidenciado que en ese oscuro fondo está el núcleo de la esencia de su ministerio: la lejana y real igualdad que queda por lograr, y por ello la existencia más que necesaria de su gestión».

Me quedo sin saber qué zapatos calzaba la ministra, a la que veo dispuesta a promover propuestas de igualdad, pero prefiero esa sonrisa pícara, lejana al lapsus, que iluminó su rostro, posiblemente, al escuchar las primeras reacciones a la palabra “miembras”.

Si para borrar o añadir una palabra a nuestra lengua hay que estudiar su etimología, a qué esperan señores de la Real Academia. Y para terminar, como Javier Marías dice en su artículo «la gente habla y escribe como quiere -faltaría más- lo cual no obsta, sin embargo, para que otros opinen que tal o cual persona habla como un perro o escribe con los pies«.

Ir arriba