Los Juegos Olímpicos caminan hacia su clausura

Incluso ahora que se acercan a su final se sigue analizando qué han supuesto para China estos Juegos Olímpicos y haciendo conjeturas sobre qué pasará después.

El objetivo por parte de China era doble: por un lado su ascenso en la escena internacional y por otro legitimar el régimen ante su población con un baño de nacionalismo.

China tiene más de 1.300 millones de habitantes y en tres décadas de reformas económicas el país se ha modernizado rápidamente. Esto ocurrió al ponerse en marcha el proceso de apertura y reforma, que sustituyó el sistema de economía planificada de herencia soviética por la llamada economía de mercado socialista, o, lo que es lo mismo, un capitalismo del mejor corte occidental bajo el control absoluto del Partido Comunista Chino.

Eso dio al traste con el maoísmo y su herencia, sacó al país del aislamiento, lo abrió a la inversión extranjera y lo lanzó al mayor y más acelerado proceso de cambio que ha vivido una nación en la historia de la humanidad. Hoy, el comunismo es poco más que una palabra en el nombre del partido único gobernante. Hoy día lo público no significa «gratuito» en este país.

La educación y la sanidad son de pago y el que no tiene dinero no puede ni estudiar ni caer enfermo. Cuando alguien sufre una enfermedad grave, no sólo le afecta a él, sino a toda su familia y su red de amigos, que son quienes  tienen que prestar el dinero para hacer frente a las elevadas facturas.

Todos hemos visto estos días cómo el discurso oficial de Pekín ejerce un control absoluto sobre los medios de comunicación, tanto que, si no nos preocupamos de investigar algo más, sólo sabríamos lo perfecta que fue la  ceremonia de apertura y que China va en cabeza del medallero olímpico. Por suerte para todos los amantes del deporte, los participantes van a lo suyo y nos están ofreciendo buenos momentos deportivos.

Pero, ¿qué pasará después de los Juegos?

Lo lógico es que si China ha adoptado el modelo económico occidental no pueda evadir la crisis económica que padecemos. La inflación de China se ha mantenido inactiva últimamente. Eso se debe a que los precios están controlados y las subvenciones de los combustibles han aumentado. El país asiático es el mayor consumidor de crudo del mundo, después de Estados Unidos.

Una vez terminen los Juegos estos esfuerzos no serán necesarios y las subvenciones bajarán, por tanto, según los analistas, subirán los precios y se dispararán los tipos de interés.

China ha hecho todos los esfuerzos posibles por conseguir que la población coopere, (algo que no debe costar mucho a juzgar por las declaraciones que hemos escuchado estos días sobre el porcentaje mayoritario de aceptación de los habitantes con el gobierno de su país).

Sin embargo, las desigualdades sociales son evidentes, las diferencias entre las provincias ricas de la costa y las pobres del interior y, entre las ciudades y los pueblos, han llegado a tal nivel que el gobierno ha reconocido que suponen un peligro para la supervivencia del partido, al que muchos se afilian para conseguir un puesto en la Administración.

Por eso, los dirigentes han tomado medidas para reducir la brecha: han eliminado impuestos milenarios a los campesinos, han invertido en infraestructuras en las provincias del interior y están extendiendo la gratuidad de los nueve años de educación obligatoria e implantando un sistema de seguros médicos. Tareas ingentes y con resultados desiguales, en un país de 1.300 millones de habitantes.

La gran pregunta que se hacen tanto quienes visitan China por vez primera como quienes viven en ella es si algún día llegará la democracia al Imperio del Centro.

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«En China, el pasado está delante y el futuro detrás, porque para ir hacia el futuro debes mirar siempre al pasado» Eso es lo que marca las deciciones de sus líderes.

La historia china del último siglo: guerra civil, hambrunas, caos político, aislamiento, explica por qué la mayoría de la sociedad no reclama cambios políticos.  Los desafíos futuros son evidentes: mantener un crecimiento de la economía superior al 7% para proporcionar empleos a la población; atajar la corrupción (ésta y la inseguridad son un gran problema); controlar la inflación y disminuir la polución. El 70% de los ríos chinos están contaminados y la lluvia ácida afecta a un tercio del territorio.

Las voces que se alzan desde fuera de sus fronteras en contra de las continuas violaciones de los derechos humanos son numerosas: Amnistia Internacional, Human Rights Watch, Human Rights in China, Reporteros Sin Fronteras, defensores de Darfur, organizaciones religiosas, el movimiento de inspiración budista Falum Gong y grupos contrarios a la pena de muerte o defensores de los derechos nacionales del Tibet, entre otros.

Fuente de información: diario El País. 

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