Suspensión de las lapidaciones

Según informó el pasado 5 de agosto el portavoz de la Magistratura, Alireza Jamshidi, Irán ha suspendido las ejecuciones por lapidación. El ayatolá Alí Jameini conmutó la pena por la de 10 años de cárcel a dos de las once personas (nueve de ellas, mujeres) que actualmente estaban condenadas a morir por ese método, y la de otras dos fue reducida a recibir azotes.  Los restantes casos están todavía bajo revisión.

La organización Amnistía Internacional, que en enero de este año presentó un Informe contra la Lapidación en Irán e inició una recogida de firmas a través de Internet para instar a las autoridades iraníes a derogar las normas que permiten esa práctica atroz e inaceptable, ha acogido la noticia con satisfacción, aunque también se muestra cautelosa, ya que en 2002 también se había anunciado una suspensión y sin embargo desde entonces ya se han llevado a cabo al menos tres ejecuciones por ese método.

La lapidación es un castigo tradicional para los delitos de adulterio diseñado especialmente para incrementar el sufrimiento de los condenados. Si se trata de un hombre, se le entierra hasta la cintura, y si es una mujer,  hasta el pecho. A continuación, se le apedrea hasta morir. Las piedras utilizadas, según el artículo 104 del Código Penal iraní, no deben ser tan grandes como para matar a la persona de uno o dos impactos, ni tan pequeñas que no puedan ser definidas como piedras.

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La mayoría de las personas condenadas a la lapidación son mujeres, ya que la discriminación que sufren las hace más susceptibles a ser declaradas culpables de adulterio.  Además, hay más probabilidades de que sean analfabetas que los hombres y por lo tanto de que firmen confesiones de delitos que no han cometido. 

En Irán hay un fuerte movimiento de defensores y defensoras de los derechos humanos que luchan contra la lapidación a través de la campaña Stop Stoning Forever;  pero pagan un alto precio por estos esfuerzos.  En marzo de 2007 treinta y tres mujeres fueron detenidas cuando protestaban por el juicio de cinco activistas en favor de los derechos dela mujer.  Aunque posteriormente fueron puestas en libertad, es probable que sean juzgadas por «perturbar el orden público» y «realizar actos contra la seguridad del Estado». 

Sin embargo, gracias a ellos y a la presión internacional es posible que se consigan cambios en Irán. Parece ser que en el Majles (Parlamento iraní) se está debatiendo una modificación del Código Penal que permitiría la suspensión de al menos algunas condenas a muerte por lapidación.  Pero para Amnistía Internacional las autoridades deben ir mucho más lejos y garantizar que el nuevo Código no permita la muerte por lapidación y destipifique como delito las relaciones sexuales consentidas entre adultos, ajustándo así su legislación a lo que prevéen las normas internacionales. Algo que sigue siendo díficil, ya que hasta ahora en Irán existe una fuerte resistencia a la abolición de una pena que, aunque no está prescrita en el Corán,  según muchos doctores de la Sharia o ley islámica forma parte de las tradiciones heredadas del profeta Mahoma.

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