¿Burkini o «c-string» para la playa?

Autor: Candi
Fecha: 5 Ago 2007
Necesito vuestra ayuda urgentemente. Mi chico me espera con las bermudas puestas para largarnos de vacaciones y yo todavía no sé qué meter en la maleta. Para ahorrar tiempo, mi chico ha ido a trabajar con esas bermudas, conducirá hasta la costa con esas bermudas y en cuanto avistemos el mar, abrirá la portezuela del coche y se arrojará del asiento al agua con las mismas bermudas. Sin embargo, ¡oh Dios mío, oh Alá, oh depilado brasileño!, yo ya no sé qué ponerme para ir a la playa. He descartado el rancio bañador de toda la vida. He descartado el tres piezas que el año pasado dibujó en mi tripa formas simétricas interpretables en el test de Rochard. Y he descartado el top-less porque todavía no he ahorrado para unos implantes mamarios a los que ya he echado el ojo en un folleto. Del nudismo, ni hablar. Busco algo rompedor. Y lo que rompe este año es el burkini y el ‘c-string’. El burkini es esa prenda de baño que según dicen, ha inventado una australiana para que las musulmanas más ortodoxas puedan ir a la playa. Yo más bien pienso que el burkini lo ha inventando un pitufo. Y si no es así, que alguien me explique a qué viene esa protuberancia fláccida en la cabeza. Además, ya sabéis que si el sol incide directamente en su piel, las pitufas adquieren una tonalidad violácea que las hace muy poco atractivas a los ojos de los pitufos. ¡Menudos son los pitufos! En cuanto ven un centímetro de pitufapiel, se les desmadra tanto la zarzamora bajo las mallas blancas, que pierden su reputación como mascotas infantiles. En fin, yo no soy ninguna moralista. Yo sólo soy una chica muy ‘cool’ y a efectos prácticos, qué queréis que os diga. Por el mismo precio, el burkini te sirve de traje espacial para invadir otra galaxia o te ahorra el collarín si sufres una contractura de cervicales. El ‘c-string’ es otra cosa. Eso sí. Una cosa muy, pero que muy pequeñita. El ‘c-string’ es la madre de todos los tangas. No ocupa nada en la maleta y se sujeta al pubis sin necesidad de tira alguna. Por si fuera poco, me parece de lo más polivalente ya que se puedes usar como diadema o también se puede usar la diadema como ‘c-string’. Allá cada una. Lo malo es que me recuerda a una vez que me puse el salva-slip al revés. En fin, cosas de mujeres. Siempre tan mimadas por la industria de la moda, tan indecisas y tan presumidas; tan castas y tan zorras; y mi chico fumándose un cigarrillo con las manos en los bolsillos de sus bermudas. ¡Socorrooo! ¿Qué me pongo en la playa?

Os mando las dos páginas web donde podéis ver los modelitos.

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El vinagre, ¿alguien da más? ¿Por menos?

Autor: Stela
Fecha: 4 Ago 2007
Gracias a mis incursiones por la red he descubierto, en http://www.simplythrifty.com , el motivo por el que en los supermercados venden el vinagre en bidones de 5 litros, lo del aceite ya lo entendía, pero ahora me ha quedado clarísimo lo del vinagre.
Desde hace y tiempo venía usando el vinagre para hacer vinagretas, escabeches pero poca cosa más, porque prefiero aliñar las ensaladas con limón… sabía que el vinagre venía estupendo para fregar el suelo, pero acabo de dar con el secreto del calvo de Mr Propper, y lo que le brilla la calva, y es que el vinagre nos vale tanto para un roto como para un descosío y si no idle echado un vistazo a la lista a continuación.

¡Y seguro que hay más!

[b]Quitamanchas[/b]
Quitar manchas de las alfombras, de la ropa y de otros tejidos.
En la colada reduce la electricidad estática y ablanda la ropa.
Quita las manchas de la fruta o de la hierba de las manos.
Añadido al lavar la ropa eliminamos la pelusa.
Rociado sobre la ropa, en disolución con agua quita las arrugas.
Quita las manchas de pinturas tipo plastidecor o de ceras de la ropa.
Quita manchas de sangre de la tela.
Aplicado con una esponja limpia y refresca el cuero.
Utilizar el vinagre para quitar la sal de los zapatos. (si vives en zona dónde se ablande la nieve con sal)

[b]Limpieza Diaria[/b]
Limpiar las ventanas, nada como el vinagre y un papel de periódico para sacar brillo del cristal de las ventanas.
Empapando el brazo de ducha en vinagre desprendemos los restos de cal y evitamos su corrosión.
Limpiar la espuma y moho del jabón en la ducha.
Mezclado con aceite de oliva para limpiar los muebles de madera.
Con un algodoncito puedes usarlo para limpiar el ratón del ordenador.
Quita el olor a comida de los tupperwares.
Deja limpísmas las teclas de los pianos.
En la limpieza de fosas sépticas o del WC mantiene bajos niveles de gérmenes.
Limpia cobre y plata.
Vinagre reducido con agua mantiene el ordenador y sus periféricos libres de polvo.
Quita el moho.
[b]
En la Cocina, pero sin cocinar[/b]
Limpiar los platos, el vinagre es un antigrasa natural.
Poner en el mecanismo de la cafetera limpiarlo y evitar malos olores.
Echarlo en los bajos de la cocina y en el cubo de la basura evita malos olores.
Ayuda a disolver las manchas pegajosas de la encimera de la cocina.
Ayuda a quitar etiquetas y la goma que dejan tras de sí en los recipientes.
Limpia y refresca el frigorífico.
En el mecanismo del lavavajillas lo limpia, desodoriza y desincrusta la cal.
Se puede echar en el lavaplatos para ayudar a eliminar la grasa.

[b]Primeros Auxilios[/b]
El vinagre puede calmar una picadura de medusa.
Calma el dolor y escozor de una quemadura. Mojar un paño con vinagre y colocarlo directamente en la quemadura.
Mezclado con agua, el vinagre puede ayudar bajar unas décimas la fiebre.
Tragar una cucharilla de vinagre corta el hipo.
Agregar el vinagre a tu vaporizador o humidificador para facilitar la respiración.
Agregando una cucharilla de vinagre al agua que usamos para hacer gárgaras se alivia el dolor de garganta.
Baños de vinagre calman los músculos doloridos.
Bebiendo un par de cucharillas de vinagre de sidra de la manzana note pican los mosquitos.
Usado al lavar los pañales previene las erupciones en el culete de los bebés.
[b]
Coche[/b]
Para mantener la chapa del coche brillante.
Lavar tu parabrisas con vinagre para evitar el hielo de las heladas invernales.
[b]
Belleza[/b]
Utilizar en el último aclarado del pelo para quitar los residuos de champú.
Para darle brillo al pelo, rociarlo antes de sentarse en el sol.
Agregandolo en el agua del baño suaviza la piel.
Aclarar el pelo con vinagre ayuda a controlar la caspa.
Empapado en un trozo de pan pasado y colocado encima de granos o callos los elimina.
Ayuda a quitar el chicle del pelo.
Quita malos olores de las manos.
[b]
Desodorizante[/b]
Para neutralizar y desodorizar el aire en tu hogar. Si se pone a calentar en la estufa quita el olor a viejo de una casa.
Limpiar cubo de la basura para evitar el mal olor.
Limpiando con él el cesto de la ropa mantiene su olor a fresco.
Quitar el olor de la mofeta de la piel de tu animal doméstico rebajándolo con agua.
[b]
Hogar/ bricolage[/b]
Limpia el óxido de las herramientas, de los tornillos, de los pernos y demás.
Para fregar el suelo de madera en lugar de echarle cera.
Echar en las juntas de la acera evita el crecimiento de hierbas a su través.
Empapar las brochas en vinagre caliente para ablandarlas.
Rociando una solución de vinagre y agua en papel pintado nos ayuda a retirarlo.
Echar vinagre en las zonas dónde no quieras que vayan los gatos.
Limpia los muebles de exterior que han estado almacenados en invierno.
Limpia las caquitas de pájaro de muebles, cubiertas y equipamiento de jardín o patios.
Quita las marcas de quemaduras, frotándolo.
[b]
Insecticida[/b]
Rociar con vinagre alrededor de puertas y de ventanas mantiene a raya hormigas y otros insectos.
Usarlo en el lavado de animales domésticos los mantiene libres de pulgas y otros parásitos.
[b]
Varios[/b]
Poner un par de cucharillas de vinagre en el agua para que las flores cortadas mantengan por más tiempo su olor.
Mezclado con lavavajillas en el agua de regar las plantas controla el crecimiento de malas hierbas.
Ablanda la carne.
Un poco vinagre en el puchero al guisar evitará que la carne salada se contraiga.
Añadir al agua de la cocción de huevos para que no se abran.

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Cierre a Internet

Autor: Stela
Fecha: 3 Ago 2007
Como el que pide que pongamos el aire acondicionado a 25º para menores consumos y emisiones de CO2.
¿Cómo pensará este buen hombre “cerrar internet”? ¿Dónde está la puerta? Bueno, no me extrañaría nada que él supiese dónde está, de hecho mi hermana aseguraba que ella “Se había acabado internet” como el que se acaba un libro, fue presentarle el “StumbleUpon” y conocer un nuevo mundo. Pues Elton, cree que hay un final de internet, una valla y una puerta en la que echar un candado, o eso o un interruptor que apagamos por cinco años y se acabó.

Podría entender la lógica de su petición si la basase en la elevada posibilidad de acceso a contenidos sexualmente explícitos, ahí están los pederastas, o explícitamente violentos, delictivos o discriminatorios, por poner algunos ejemplos. El motivo de Elton es más mundano, publicó su obra en internet, libre y deliberadamente, y ahora ve disminuir la venta de sus discos ¿Cuál ha sido su respuesta? Yo imaginaba de alguien tan original que se le ocurriese incluir en su disco contenidos más allá del audio, que ya te puedes descargar, bueno, probablemente ahora no, o qué se yo… una foto inédita de Lady Di… no, se le ha ocurrido cerrar internet (no paro de repetirlo porque no consigo que me entre en la cabeza). Dice que ahora la gente ya no sale de su casa a crear, lo hacen sentados delante de su PC, en solitario y no en compañía. Elton, te equivocas, por poder puedes usar el ordenador en un parque, si tiene WiFI mejor. Por trabajar en compañía, puedes trabajar con miles de personas, si no échale un ojo a las comunidades de Open Source. Sin duda es nocivo no tener que estar todos en el mismo sitio a la vez trabajando en una melodía, en su caso, que cada uno trabaje con su equipo, a su ritmo, y respirando el aire que más le apetezca es una modernez innecesaria, a juicio de Sir Elton John…

Alega, el sir, que los internautas nos quedamos en casa blogeando en lugar de salir a la calle a protestar. Elton, eso depende, a mí tus declaraciones me dan para unos pocos post, pero no saldré a la calle por ellas, si lo dijese Lars Ulrich que consiguió cargarse Napster, espero no darles ideas.

Pero ¿qué les entra a todos los cantantes con los derechos de autor, y con el número de discos vendidos? A ciertas edades es más cómodo sacar un disco que hacer una gira de conciertos, pero mira, ahí están los Rolling, y ganan mucho más en una gira que si toda la gente que fuera a sus conciertos realmente se hubiera comprado sus discos, a 90 € la entrada, podemos hacer el cálculo.

Dice Elton «Hay disponible mucha tecnología. Yo no tengo teléfono móvil ni iPod. Soy el mayor tecnófobo de todos los tiempos», Elton, si aceptas un consejo, sal de nuevo del armario, y conéctate, igual ves la inmensidad de posibilidades que brinda la tecnología, no sólo los transplantes de corazón, también para compartir nuestro trabajo y que se difunda o nos ayuden a mejorarlo.
Internet no acabará con nada, como no acabaron con el cine, ni la tele, ni el vídeo, pero lo que sí viene con internet es una revolución, una nueva forma de entretenimiento, de difusión de materiales quizá, la solución está más en buscar métodos de aprovecharse de la red y no tanto demonizarla.

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Lo más secreto es siempre lo que más atrae ( III )

Autor: isabel
Fecha: 2 Ago 2007
¿Qué relación tiene el secreto con el lenguaje?. A veces cuando hablamos con alguien de confianza sentimos la dificultad de evitar que el secreto nuestro o de otra persona se manifieste, que literalmente se transforma en lenguaje. Es difícil retener el lenguaje. Los secretos se producen en diversas conexiones lingüísticas interesantes. La palabra secreto deriva del latín secretus: “apartado, escondido, oculto”. Traicionar un secreto es “dejar escapar, descubrir, revelar o divulgar”. Podemos ocasionalmente revelar un secreto “dejando caer” (alguna cosa).

El término traición deriva del latín tradere: “entregar, rendir, dar”. Comparte una dimensión moral que entra en juego cuando oímos algo acerca de la traición intencional de los secretos: “chismorrear, cotillear, delatar, denunciar”. Está rodeado de expresiones como: “¡A mi no me lo cuentes!” o “No me vengas con chismorreos”.

Hay también un lenguaje no verbal que rodea al secreto. A veces la promesa que nos piden que hagamos para guardar un secreto se plantea de forma muy sutil. Incluso no hace falta una promesa explícita. Ciertas costumbres sociales tienen un efecto similar. La frase sub rosa (bajo la rosa) significa “en secreto”. La rosa era símbolo de secreto en el mundo antiguo. Por ejemplo, Cupido sobornó a Harpócrates, el dios del silencio, con una rosa, para que no descubriera los amores de Venus.

La traición de los secretos confiados es algo detestable que habla de una persona inmadura. En una amistad, lo más terrible que puede suceder es la traición de cosas que son verdaderamente personales, confidenciales y secretas. De forma similar, el cotilleo puede ser una forma de decir (traicionar) y construir (distorsionar) secretos.

Los enigmas, los rompecabezas, las adivinanzas, los misterios, están todos ellos asociados con el fenómeno del secreto. Los cuentos populares, leyendas y mitos abundan en historias de secretos.

La parábola más clara del secreto es probablemente la historia de Pandora, la primera mujer mortal. Zeus le dio una preciosa caja herméticamente cerrada que le prohibió abrir. Ésta fue incapaz de refrenar su deseo de descubrir el contenido secreto de la caja. Cuando lo hizo dejó salir todas las plagas y los males. La historia de Pandora nos enseña la fuerza increíble y el significado de los secretos en la vida humana. Éstos, una vez que se revelan, nunca se pueden recuperar. Hay secretos que desearíamos, después de conocidos, no haberlos sabido nunca.

La mayor parte de la información está sacada del libro:

Los secretos de la infancia. Intimidad, privacidad e identidad. Paidos Educador.

www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/23582844322570740087891/cuaderno21/volI/Doxa21_13.pdf

http://es.wikipedia.org/wiki/Pandora

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Las formas del secreto ( II )

Autor: isabel
Fecha: 31 Jul 2007
Las acciones clandestinas, buscar un escondrijo, taparse los ojos, enmascarar una intención, ocultar una decepción, disimular una emoción, guardar un tesoro; todas estas expresiones, de una u otra manera describen el secreto. Siempre que hay por medio un secreto, parece que existe una referencia a algo escondido, a ocultar algo. Y pueden acarrear emociones, sentimientos, significados y valores muy diferentes.

Tener, guardar, descubrir o confesar un secreto no nos lleva a pensar que un secreto es simplemente cualquier “cosa” o una entidad. Más exactamente, el secreto constituye una experiencia de relación entre las personas. Podemos distinguir tres formas de vivir el secreto: el secreto existencial, el secreto comunicativo y el secreto personal.

Secreto existencial: me siento junto a la cama de mi hijo/a y charlamos. Son esos momentos en los que, con más o menos frecuencia, se establece una unión que es totalmente única. Es posible que no se sienta este grado de intensidad en la intimidad con ninguna otra persona. Soy consciente de mi complicidad con el/ella. Siento que los conozco.
Pero a veces una experiencia perturbadora puede destruir este sentimiento de conocer. De repente me recorre un estremecimiento de asombro, una extraña sensación de misterio me domina; cómo este ser humano al que conozco tan bien y del que me siento más cerca que de nadie, está sin embargo tan radicalmente separado de mí. ¿Cómo es posible que este niño, mi propio hijo, suponga para mí un secreto mayor que cualquier otra persona con la que me he encontrado?

Por supuesto, toda persona es, en este sentido, un secreto para nosotros. Jamás dos personas pueden estar completamente abiertas la una a la otra. Forma parte de las relaciones humanas el que al otro se le perciba, en último extremo, como un misterio, como un secreto existencial que nunca se puede revelar o desvelar totalmente.

Secreto comunicativo: este secreto es característico no sólo de nuestra experiencia de los niños. Muchos adultos, también, en virtud de algunos rasgos, son incapaces de comunicar todos sus pensamientos o sentimientos, incluso aunque deseen hacerlo. Tanto si nos gusta como si no, hay un límite en lo que somos capaces de compartir con los demás. La persona que conversa con nosotros y nos expresa ciertas ideas, es posible que no intente tener secretos. Y aún así sentimos que hay límites “naturales” para la comprensión interpersonal, y estos límites se pueden sentir en cierto modo como si se guardaran secretos. Si no comprendo a alguien, puedo sentir que esa persona es un secreto para mí, un secreto que me gustaría desvelar pero que en cierto modo permanece cerrado a mis poderes de interpretación.

Secreto personal: Existe el hecho de que a veces decidimos no compartir ciertos pensamientos con los demás. Es el caso normal de guardar secretos personales y tienen consecuencias para las relaciones personales. Éstas tienden a ser menos abierta, menos íntima, menos espontánea. Pensar en un secreto es pensar en personas a las que estamos ocultando algo. Éstos se ocultan a personas que nos importan: padres, hermano, hermana, amigo etc… La imposibilidad de guardar un secreto puede tener que ver con la ansiedad de separación de esos seres queridos. Para un niño pequeño, ocultar un secreto a su padre puede suponer: por una parte, ser consciente de lo estrechamente que está ligado a esa persona y por otra parte flexibiliza y relaja la relación. Por ejemplo una niña siente las normas paternales como irracionales y fuertemente opresivas. Su escondite de los tebeos constituye, un gesto de desafío y de independencia. Al construir este mundo secreto, la niña hace varias cosas: está cuestionando la validez de las órdenes “absolutas” de su padre, aflojando así una relación fuertemente sentida hacia él, confirma un sentimiento de identidad personal y parece estar poniendo a prueba las consecuencias de violar la prohibición paterna; por supuesto que de niño una nunca sabe si, después de todo, puede haber o no un daño inesperado por hacer lo prohibido.

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La homofobia a debate en Italia.

Autor: Olga
Fecha: 29 Jul 2007
Todos los periódicos italianos esta mañana recogían esta noticia:
A las dos de la madrugada, una [b]pareja de «carabinieri»[/b] (policía nacional), [b]arresta a una pareja por escándalo público delante del Coliseo romano. [/b]Las exposiciones de arrestados y policías son totalmente opuestas y por eso, ahora [b]el debate está en la calle.[/b]

[b]Los policías [/b]afirman que esta pareja estaba realizando [b]sexo oral [/b]y tocamientos obscenos en una vía pública tan transitada como son las [b]imediaciones del Coliseo[/b].

[b]Los chicos[/b], Roberto e Michele, alegan que estaban solamente besándose, como cualquier otra pareja de enamorados.

Estaban completamente vestidos cuando los arrestaron, por lo tanto, no cabe la posibilidad de sexo oral.

La comunidad en defensa de los derechos de los gays y lesbianas en Italia ha organizado un [b]beso colectivo y multitudinario delante del Coliseo[/b] para que los carabinieri tengan que arrestarlos a todos. Esta bonita forma de manifestarse está sucediendo en este momento (noche del 29 de julio) y se repetirá el [b]día 2 de Agosto [/b]en el mismo sitio.

En la calle se escucha de todo. Desde que los hombres son más dados a dejarse llevar por sus impulsos y por lo tanto seguramente estaban haciendo algo, hasta que deberían arrestar a los policías por abuso de poder.

Yo, sinceramente, estoy más cerca de lo segundo. Aunque los jóvenes estuviesen haciendo algo más que manitas, dudo mucho que llegasen al punto de escándalo. La [b]discrminación es clara[/b]. Y digo más: en Italia, bajo mi punto de vista, les falta aún bastante en la carrera de la aceptación social de la homosexualidad. Aunque, menos mal, hay colectivos fuertes de defensa y buenos medios para difundir este tipo de manifestaciones, a mi parecer, de lo mas original y bonita.

[b]Si venís a Roma el dos de Agosto, nos damos un beso delante del Coliseo[/b].

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Mujer contra mujer

Autor: yomujer
Fecha: 28 Jul 2007
Nada tienen de especial

dos mujeres que se dan la mano

el matiz viene después

cuando lo hacen por debajo del mantel.

Luego a solas sin nada que perder

tras las manos va el resto de la piel

un amor por ocultar

y aunque en cueros no hay donde esconderlo

lo disfrazan de amistad

cuando sale a pasear por la ciudad.

Una opina que aquello no está bien

la otra opina que qué se le va a hacer

y lo que opinen los demás está demás.

Quien detiene palomas al vuelo

volando a ras del suelo

mujer contra mujer.

No estoy yo por la labor

de tirarles la primera piedra

si equivoco la ocasión

y las hallo labio a labio en el salón

ni siquiera me atrevería a toser

si no gusto ya sé lo que hay que hacer

que con mis piedras hacen ellas su pared.

Quien detiene palomas al vuelo

volando a ras de suelo

mujer contra mujer.

Una opina que aquello no está bien

la otra opina que qué se le va a hacer

y lo que opinen los demás está demás.

Quien detiene palomas al vuelo

volando al ras del suelo

mujer contra mujer.

[youtube]ATMzgCbMjVs[/youtube]

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¿Eres capaz de guardar un secreto? ( I )

Autor: isabel
Fecha: 27 Jul 2007
Hay secretos agradables, secretos profundos, secretos íntimos, secretos sociales; pero hay también secretos terribles, vergonzosos, tremendos, espantosos, repugnantes.
Percibimos deseos secretos, placeres secretos, temores secretos, obsesiones secretas.
Pero lo que estos secretos oscuros y patológicos tienen en común con aquellos que son agradables o más benignos, es que los secretos del pasado pueden tener sus efectos en el presente. Las buenas obras y las malas de una generación viven frecuentemente en generaciones sucesivas. Es más, una actitud con tendencia al secretismo o a la interioridad por parte de los padres no es raro que pase a sus hijos como un rasgo de carácter.

La pregunta clásica, ¿somos capaces de guardar un secreto?, tiene muchas posibilidades: nos hace conscientes del hecho evidente de que muchas personas lo pasan muy mal guardando secretos; nos invita a convertirnos en confidentes, en amigos de confianza. Compartir con alguien un secreto puede implicar muchas consecuencias sutiles para la relación que tenemos con esa persona.

Pero, qué pasaría si a la pregunta contestamos: no, lo siento, lo paso fatal si tengo que guardar secretos. ¿Qué significa, estamos admitiendo que no hemos crecido lo suficiente para ser capaces de guardar un secreto?. Quizás creemos que podemos vernos moralmente comprometidos. ¿Es bueno para nosotros conocer los secretos de otras personas? ¿Qué supone para nuestra vida interior o nuestra conciencia?

El sociólogo alemán Georg Simmel considera que ciertamente el guardar secretos, “con un significado positivo o negativo”, es uno de los logros más importantes de los seres humanos. El secreto produce un ensanchamiento de la propia vida, ofrece la realidad de una experiencia de la vida humana mucho más compleja. Una vez que las personas son capaces de guardar secretos, comienzan a vivir en dos mundos. Y este segundo mundo influye profundamente sobre la realidad primaria, dicha influencia tiene un peso moral en las relaciones íntimas y de amistad.

Sisela Bok recalca la naturaleza intencional del ocultamiento del secreto y el significado moral en la vida política y social: “No poder tener secretos significa perder el control acerca de cómo los demás nos miran”.
Se guardan secretos por determinados motivos. Los modernos medios de comunicación y los valores democráticos han creado un espacio público cada vez más abierto y revelador. Algunos de los poderes: empresariales, médicos, financieros, militares y religiosos siguen la pista de todo lo que hacemos y dejamos de hacer en nuestra vida personal y pública. La posibilidad de que algún otro tenga acceso a nuestros secretos nos coloca en situación de inferioridad en nuestras relaciones personales.
Además de crear realidades ocultas, además de las dimensiones morales; el secreto juega un papel en la función educativa o pedagógica del crecimiento personal de los niños y adultos. Cuando el niño aprende que los pensamientos y las ideas se pueden guardar dentro y no son accesibles a los demás, entonces se da cuenta de que hay un cierto tipo de demarcación entre su mundo: lo que es “interior” y lo que es “externo”. En la literatura de la psicoterapia es lo que se llama “formación de los límites del yo”.

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¿Mujeres como las de antes?

Autor: yomujer
Fecha: 26 Jul 2007
Arturo Pérez-Reverte se ha quejado en una revista de que ahora ya no existen mujeres como las de antes, lo cual es una perogrullada. Ahora existen las mujeres de ahora. Menudencias aparte, Arturito nos cuenta que acaba de salir del Palace con su amigo Javier Marías y de camino a la Calle Mayor, sin más excusa, se lanza a despotricar contra toda “fea” que se cruza con ellos. Vamos, que si yo lo veo venir, postergo mi deseo inconfesable de meterle el dedo en el hoyito de la barbilla y me cambio de acera. Al menos me consuela que las guapas tampoco le sobrevivan y que acabe abatiendo a una rubia por no saber andar con tacones. ¡Ahí hemos estado ágiles de reflejos mi capitán! Porque reconozco que sus salidas de tono me suelen divertir. Sin embargo, esta vez, lo que ha despertado en mí es una enorme compasión. Siento una compasión infinita por Arturo Pérez-Reverte y por su amigo Javier Marías con quien comparte tan elevados gustos en hembras y hoteles. Sin ir más lejos, califican de sabia la combinación de tacones y falda de tubo. Por supuesto que es sabio combinar gasolina y fuego si quieres quemar un bosque. Lo malo es que nosotras nos hemos puesto un poco focas y sudamos y evacuamos —qué ordinariez— y no nos ha quedado otro remedio que hacernos ecologistas. Visto así, no cabe duda que es un drama que ahora no existan mujeres como las de antes. Aunque, a decir verdad, alguna queda. Lo malo es que debe tener 110 o 115 años y eso no les excita. ¡Pobres! Si yo les comprendo. Son cosas de la edad. A mí me pasa lo mismo. En cuanto un hombre rebasa los cuarenta, incluso un miembro de la Real Academia Española —que ya es decir miembro—, “me la suda”. Y soy consciente de que una señora nunca diría “me la suda”. Por eso lo digo. Porque si para ser una señora hay que atarse los tobillos y correr a comprar el pan dando saltitos como una gilipollas, yo no quiero ser una señora. Hasta mi abuela está de acuerdo conmigo. Mi abuela me cuenta que en los años cincuenta, como algunas mujeres no tenían dinero para comprarse las malditas medias, se pintaban la costura en las piernas. Imagino que si a la señora no le llegaba para medias era porque el señor se gastaba los cuartos en prostíbulos donde las mujeres todavía usaban polisón y enaguas. ¡Ah, qué tiempos aquellos! ¡Qué mujeres las de antes! ¡Qué hombres los de ahora! ¡Qué hotelazo el Palace!

P.D: No dejéis nunca de leer al autor de El Capitán Alatriste ni al creador de Corazón tan blanco.

Por si os interesa leer la carta de Arturo Pérez Reverte, ésta es su dirección web:
www.xlsemanal.com/perezreverte

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Los feminismos a través de la historia II

Autor: yomujer
Fecha: 25 Jul 2007
[b]a) Las raíces ilustradas y la Revolución Francesa [/b]

Diferentes autoras, como Geneviève Fraisse y Celia Amorós, han coincidido en señalar la obra del filósofo cartesiano Poulain de la Barre y los movimientos de mujeres y feministas que tuvieron lugar durante la Revolución Francesa como dos momentos clave -teórico uno, práctico el otro- en la articulación del feminismo moderno. Así, en el texto de Poulain de la Barre titulado Sobre la igualdad de los sexos y publicado en 1673 -en pleno auge del movimiento de preciosas- sería la primera obra feminista que se centra explícitamente en fundamentar la demanda de igualdad sexual. Fraisse ha señalado que con esta obra estaríamos asistiendo a un verdadero cambio en el estatuto epistemológico de la controversia o «guerra entre los sexos»: «la comparación entre el hombre y la mujer abandona el centro del debate, y se hace posible una reflexión sobre la igualdad» (8). Por su parte, Amorós encuadra la obra de Poulain en el contexto más amplio de la Ilustración. Aun reconociendo el carácter pionero y específico de la obra, ésta forma parte de un continuo feminista que se caracteriza por radicalizar o universalizar la lógica de la razón, racionalista primero e ilustrada después. Asimismo, mantiene que el feminismo como cuerpo coherente de vindicaciones y como proyecto político capaz de constituir un sujeto revolucionario colectivo, sólo puede articularse teóricamente a partir de premisas ilustradas: premisas que afirman que todos los hombres nacen libres e iguales y, por tanto, con los mismos derechos. Aun cuando las mujeres queden inicialmente fuera del proyecto igualatorio -tal y como sucedió en la susodicha Francia revolucionaria y en todas las democracias del siglo XIX y buena parte del XX-, la demanda de universalidad que caracteriza a la razón ilustrada puede ser utilizada para irracionalizar sus usos interesados e ilegítimos, en este caso patriarcales. En este sentido, afirma que el feminismo supone la efectiva radicalización de proyecto igualitario ilustrado. La razón ilustrada, razón fundamentalmente crítica, posee la capacidad de volver sobre sí misma y detectar sus propias contradicciones (9). Y así la utilizaron las mujeres de la Revolución Francesa cuando observaron con estupor cómo el nuevo Estado revolucionario no encontraba contradicción alguna en pregonar a los cuatro vientos la igualdad universal y dejar sin derechos civiles y políticos a todas las mujeres.

En la Revolución Francesa veremos aparecer no sólo el fuerte protagonismo de las mujeres en los sucesos revolucionarios, sino la aparición de las más contundentes demandas de igualdad sexual. La convocatoria de los Estados Generales por parte de Luis XVI se constituyó en el prólogo de la revolución. Los tres estados -nobleza, clero y pueblo- se reunieron a redactar sus quejas para presentarlas al rey. Las mujeres quedaron excluidas, y comenzaron a redactar sus propios «cahiers de doléance». Con ellos, las mujeres, que se autodenominaron «el tercer Estado del tercer Estado», mostraron su clara conciencia de colectivo oprimido y del carácter «interestamental» de su opresión (10).

Tres meses después de la toma de la Bastilla, las mujeres parisinas protagonizaron la crucial marcha hacia Versalles, y trasladaron al rey a París, donde le sería más difícil evadir los grandes problemas del pueblo. Como comenta Paule-Marie Duhet, en su obra Las mujeres y la Revolución, una vez que las mujeres habían sentado el precedente de iniciar un movimiento popular armado, no iban a cejar en su afán de no ser retiradas de la vida política (11). Pronto se formaron clubes de mujeres, en los que plasmaron efectivamente su voluntad de participación. Uno de los más importantes y radicales fue el dirigido por Claire Lecombe y Pauline Léon: la Société Républicaine Révolutionnaire. Impulsadas por su auténtico protagonismo y el reconocimiento público del mismo, otras mujeres como Théroigne de Méricourt no dudaron en defender y ejercer el derecho a formar parte del ejército.

Sin embargo, pronto se comprobó que una cosa era que la República agradeciese y condecorase a las mujeres por los servicios prestados y otra que estuviera dispuesta a reconocerles otra función de que la de madres y esposas (de los ciudadanos). En consecuencia, fue desestimada la petición de Condorcet de que la nueva República educase igualmente a las mujeres y los varones, y la misma suerte corrió uno de los mejores alegatos feministas de la época, su escrito de 1790 Sobre la admisión de las mujeres al derecho de ciudadanía.

Seguramente uno de los momentos más lúcidos en la paulatina toma de conciencia feminista de las mujeres está en la Declaración de los derechos de la mujer y la ciudadana, en 1791. Su autora fue Olympe de Gouges, una mujer del pueblo y de tendencias políticas moderadas, que dedicó la declaración a la reina María Antonieta, con quien finalmente compartiría un mismo destino bajo la guillotina. Este es su veredicto sobre el hombre: «Extraño, ciego, hinchado de ciencias y degenerado, en este siglo de luces y de sagacidad, en la ignorancia más crasa, quiere mandar como un déspota sobre un sexo que recibió todas las facultades intelectuales y pretende gozar de la revolución y reclamar sus derechos a la igualdad, para decirlo de una vez por todas» (12). En 1792, la inglesa Mary Wollstonecraft redactará en pocas semanas la célebre Vindicación de los derechos de la mujer. Las mujeres habían comenzado exponiendo sus reivindicaciones en los cuadernos de quejas y terminan afirmando orgullosamente sus derechos. La transformación respecto a los siglos anteriores, como acertadamente ha sintetizado Fraisse, significa el paso del gesto individual al movimiento colectivo: la querella es llevada a la plaza pública y toma la forma de un debate democrático: se convierte por vez primera de forma explícita en una cuestión política (13).

Sin embargo, la Revolución Francesa supuso una amarga y seguramente inesperada, derrota para el feminismo. Los clubes de mujeres fueron cerrados por los jacobinos en 1793, y en 1794 se prohibió explícitamente la presencia de mujeres en cualquier tipo de actividad política. Las que se habían significado en su participación política, fuese cual fuese su adscripción ideológica, compartieron el mismo final: la guillotina o el exilio. Las más lúgubres predicciones se habían cumplido ampliamente: las mujeres no podían subir a la tribuna, pero sí al cadalso. ¿Cuál era su falta? La prensa revolucionaria de la época lo explica muy claramente: habían transgredido las leyes de la naturaleza abjurando su destino de madres y esposas, queriendo ser «hombres de Estado». El nuevo código civil napoleónico, cuya extraordinaria influencia ha llegado prácticamente a nuestros días, se encargaría de plasmar legalmente dicha «ley natural».

[b]b) Feminismo decimonónico[/b]

En el siglo XIX, el siglo de los grandes movimientos sociales emancipatorios, el feminismo aparece, por primera vez, como un movimiento social de carácter internacional, con una identidad autónoma teórica y organizativa. Además, ocupará un lugar importante en el seno de los otros grandes movimientos sociales, los diferentes socialismos y el anarquismo.

Estos movimientos heredaron en buena medida las demandas igualitarias de la Ilustración, pero surgieron para dar respuesta a los acuciantes problemas que estaban generando la revolución industrial y el capitalismo. El desarrollo de las democracias censitarias y el decisivo hecho de la industrialización suscitaron enormes expectativas respecto al progreso de la humanidad, y de llegó a pensar que el fin de la escasez material estaba cercano. Sin embargo, estas esperanzas chocaron frontalmente con la realidad. Por un lado, a las mujeres se les negaban los derechos civiles y políticos más básicos, segando de sus vidas cualquier atisbo de autonomía personal. Por otro, el proletariado -y lógicamente las mujeres proletarias- quedaba totalmente al margen de la riqueza producida por la industria, y su situación de degradación y miseria se convirtió en uno de los hechos más sangrantes del nuevo orden social. Estas contradicciones fueron el caldo de cultivo de las teorías emancipadoras y los movimientos sociales del XIX.

[b]c) El movimiento sufragista [/b]

Como se señala habitualmente, el capitalismo alteró las relaciones entre los sexos. El nuevo sistema económico incorporó masivamente a las mujeres proletarias al trabajo industrial -mano de obra más barata y sumisa que los varones-, pero, en la burguesía, la clase social ascendente, se dio el fenómeno contrario. Las mujeres quedaron enclaustradas en un hogar que era, cada vez más, símbolo del status y éxito laboral del varón. Las mujeres, mayormente las de burguesía media, experimentaban con creciente indignación su situación de propiedad legal de sus maridos y su marginación de la educación y las profesiones liberales, marginación que, en muchas ocasiones, las conducía inevitablemente, si no contraían matrimonio, a la pobreza.

En este contexto, las mujeres comenzaron a organizarse en torno a la reivindicación del derecho al sufragio, lo que explica su denominación como sufragistas. Esto no debe entenderse nunca en el sentido de que ésa fuese su única reivindicación. Muy al contrario, las sufragistas luchaban por la igualdad en todos los terrenos apelando a la auténtica universalización de los valores democráticos y liberales. Sin embargo, y desde un punto de vista estratégico, consideraban que, una vez conseguido el voto y el acceso al parlamento, podrían comenzar a cambiar el resto de las leyes e instituciones. Además, el voto era un medio de unir a mujeres de opiniones políticas muy diferentes. Su movimiento era de carácter interclasista, pues consideraban que todas las mujeres sufrían en cuanto mujeres, e independientemente de su clase social, discriminaciones semejantes.

En Estados Unidos, el movimiento sufragista estuvo inicialmente muy relacionado con el movimiento abolicionista. Gran número de mujeres unieron sus fuerzas para combatir en la lucha contra la esclavitud y, como señala Sheyla Rowbotham, no sólo aprendieron a organizarse, sino a observar las similitudes de su situación con la de esclavitud (14). En 1848, en el Estado de Nueva York, se aprobó la Declaración de Seneca Falls, uno de los textos fundacionales del sufragismo (15). Los argumentos que se utilizan para vindicar la igualdad de los sexos son de corte ilustrado: apelan a la ley natural como fuente de derechos para toda la especie humana, y a la razón y al buen sentido de la humanidad como armas contra el prejuicio y la costumbre. También cabe señalar de nuevo la importancia del trasfondo individualista de la religión protestante; como ha señalado Richard Evans: «La creencia protestante en el derecho de todos los hombres y mujeres a trabajar individualmente por su propia salvación proporcionaría un a seguridad indispensable, y a menudo realmente una auténtica inspiración, a muchas, si no a casi todas las luchadoras de las campañas feministas del siglo XIX» (16). Elizabeth Cady Stanton, la autora de La Biblia de las mujeres, y Susan B. Anthony, fueron dos de las más significativas sufragistas estadounidenses.

En Europa, el movimiento sufragista inglés fue el más potente y radical. Desde 1866, en que el diputado John Stuart Mill, autor de La sujeción de la mujer, presentó la primera petición a favor del voto femenino en el Parlamento, no dejaron de sucederse iniciativas políticas. Sin embargo, los esfuerzos dirigidos a convencer y persuadir a los políticos de la legitimidad de los derechos políticos de las mujeres provocaban burlas e indiferencia. En consecuencia, el movimiento sufragista dirigió su estrategia a acciones más radicales. Aunque, como bien ha matizado Rowbotham: «las tácticas militantes de la Unión habían nacido de la desesperación, después de años de paciente constitucionalismo» (17). Las sufragistas fueron encarceladas, protagonizaron huelgas de hambre y alguna encontró la muerte defendiendo su máxima: «votos para las mujeres». Tendría que pasar la Primera Guerra Mundial y llegar el año 1928 para que las mujeres inglesas pudiesen votar en igualdad de condiciones.

[b]d) El feminismo socialista [/b]

El socialismo como corriente de pensamiento siempre ha tenido en cuenta la situación de las mujeres a la hora de analizar lo sociedad y proyectar el futuro. Esto no significa que el socialismo sea necesariamente feminista, sino que en el siglo XIX comenzaba a resultar difícil abanderar proyectos igualitarios radicales sin tener en cuenta a la mitad de la humanidad.

Los socialistas utópicos fueron los primeros en abordar el tema de la mujer. El nervio de su pensamiento, como el de todo socialismo, arranca de la miserable situación económica y social en que vivía la clase trabajadora. En general, proponen la vuelta a pequeñas comunidades en que pueda existir cierta autogestión -los falansterios de Fourier- y se desarrolle la cooperación humana en un régimen de igualdad que afecte también a los sexos. Sin embargo, y a pesar de reconocer la necesidad de independencia económica de las mujeres, a veces no fueron lo suficientemente críticos con la división sexual del trabajo. Aun así, su rechazo a la sujeción de las mujeres tuvo gran impacto social, y la tesis de Fourier de que la situación de las mujeres era el indicador clave del nivel de progreso y civilización de una sociedad fue literalmente asumida por el socialismo posterior (18).

Flora Tristán en su obra Unión obrera (1843) dedica un capítulo a exponer la situación de las mujeres. Tristán mantiene que «todas las desgracias del mundo provienen del olvido y el desprecio que hasta hoy se ha hecho de los derechos naturales e imprescriptibles del ser mujer» (19). En sus proyectos de reforma, la educación de las mujeres resulta crucial para el progreso de las clases trabajadoras, aunque, eso sí, debido a la influencia que como madres, hijas, esposas, etc…, tienen sobre los varones. Para Tristán, las mujeres «lo son todo en la vida del obrero», lo que no deja de suponer una acrítica asunción de la división sexual del trabajo. Desde otro punto de vista, entre los seguidores de Saint-Simon y Owen cundió la idea de que el poder espiritual de los varones se había agotado y la salvación de la sociedad sólo podía proceder de lo «femenino». En algunos grupos, incluso, se inició la búsqueda de un nuevo mesías femenino (20).

Tal vez la aportación más específica del socialismo utópico resida en la gran importancia que concedían a la transformación de la institución familiar. Condenaban la doble moral y consideraban el celibato y el matrimonio indisoluble como instituciones represoras y causa de injusticia e infelicidad. De hecho, como señalara en su día John Stuart Mill, a ellos cabe el honor de haber abordado sin prejuicios temas con los que no se atrevían otros reformadores sociales de la época.

[b]e) Socialismo marxista [/b]

A mediados del siglo XIX comenzó a imponerse en el movimiento obrero el socialismo de inspiración marxista o «científico». El marxismo articuló la llamada «cuestión femenina» en su teoría general de la historia y ofreció una nueva explicación del origen de la opresión de las mujeres y una nueva estrategia para su emancipación. Tal y como desarrolló Friedrich Engels en El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, obra publicada en 1884, el origen de la sujeción de las mujeres no estaría en causas biológicas -la capacidad reproductora o la constitución física- sino sociales. En concreto, en la aparición de la propiedad privada y la exclusión de las mujeres de la esfera de la producción social. En consecuencia, de este análisis se sigue que la emancipación de las mujeres irá ligada a su retorno a la producción y a la independencia económica.

Este análisis, por el que se apoyaba la incorporación de las mujeres a la producción, no dejó de tener numerosos detractores en el propio ámbito socialista. Se utilizaban diferentes argumentos para oponerse al trabajo asalariado de las mujeres: la necesidad de proteger a las obreras de la sobreexplotación de que eran objeto, el elevado índice de abortos y mortalidad infantil, el aumento del desempleo masculino, el descenso de los salarios… Pero como señaló Auguste Bebel en su célebre obra La mujer y el socialismo, también se debía a que, a pesar de la teoría, no todos los socialistas apoyaban la igualdad de los sexos:

No se crea que todos los socialistas sean emancipadores de la mujer; los hay para quienes la mujer emancipada es tan antipática como el socialismo para los capitalistas (21).

Por otro lado, el socialismo insistía en las diferencias que separaban a las mujeres de las distintas clases sociales. Así, aunque las socialistas apoyaban tácticamente las demandas sufragistas, también las consideraban enemigas de clase y las acusaban de olvidar la situación de las proletarias, lo que provocaba la desunión de los movimientos. Además, la relativamente poderosa infraestructura con que contaban las feministas burguesas y la fuerza de su mensaje calaba en las obreras llevándolas a su lado. Lógicamente, una de las tareas de las socialistas fue la de romper esa alianza. Alejandra Kollontai, bolchevique y feminista, relata en sus Memorias algunas de sus estrategias desde la clandestinidad. En diciembre de 1908 tuvo lugar en San Petersburgo, y convocado por las feministas «burguesas», el Primer Congreso Femenino de todas las Rusias. Kollontai no pudo asistir, porque pesaba una orden de detención sobre ella, pero pudo preparar la intervención de un grupo de obreras. Estas tomaron la palabra para señalar la especificidad de la problemática de las mujeres trabajadoras, y cuando se propuso la creación de un centro femenino interclasista, abandonaron ostentosamente el congreso (22).

Sin embargo, y a pesar de sus lógicos enfrentamientos con las sufragistas, existen numerosos testimonios del dilema que les presentaba a las mujeres socialistas. Aunque suscribían la tesis de que la emancipación de las mujeres era imposible en el capitalismo -explotación laboral, desempleo crónico, doble jornada, etc.- eran conscientes de que para sus camaradas y para la dirección del partido la «cuestión femenina» no era precisamente prioritaria. Más bien se la consideraba una mera cuestión de superestructura, que se solucionaría automáticamente con la socialización de los medios de producción, y, en el peor de los casos, «una desviación peligrosa hacia el feminismo». Esto no impidió que las mujeres socialistas se organizaran dentro de sus propios partidos; se reunían para discutir sus problemas específicos y crearon, a pesar de que la ley les prohibía afiliarse a partidos, organizaciones femeninas. Los cimientos de un movimiento socialista femenino realmente fueron puestos por la alemana Clara Zetkin (1854-1933), quien dirigió la revista femenina Die Gliechhteit (Igualdad) y llegó a organizar una Conferencia Internacional de Mujeres en 1907.

El socialismo marxista también prestó atención a la crítica de la familia y la doble moral, y relacionó la explotación económica y sexual de la mujer. En este sentido, es imprescindible remitirse a la obra que Kollontai escribe ya a principios del siglo XX. Kollontai puso en un primer plano teórico la igualdad sexual y mostró su interrelación con el triunfo de la revolución socialista. Pero también fue ella misma, ministra durante sólo seis meses el primer gobierno de Lenin, quien dio la voz de alarma sobre el rumbo preocupante que iba tomando la revolución feminista en la Unión Soviética. La igualdad de los sexos se había establecido por decreto, pero no se tomaban medidas específicas, tal y como ella postulaba, contra lo que hoy llamaríamos la ideología patriarcal.
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f) Movimiento anarquista [/b]

El anarquismo no articuló con tanta precisión teórica como el socialismo la problemática de la igualdad entre los sexos, e incluso cabe destacar que un anarquista de la talla de Pierre J. Proudhom (1809-1865) mantuvo tranquilamente posturas antiigualitarias extremas. Estas son sus palabras:

Por mi parte, puedo decir que, cuanto más pienso en ello, menos me explico el destino de la mujer fuera de la familia y el hogar. Cortesana o ama de llaves (ama de llaves, digo, y no criada); yo no veo término medio (23).

Sin embargo, el anarquismo como movimiento social contó con numerosas mujeres que contribuyeron a la lucha por la igualdad. Una de las ideas más recurrentes entre las anarquistas -en consonancia con su individualismo- era la de que las mujeres se liberarían gracias a su «propia fuerza» y esfuerzo individual. Así lo expresó, ya entrado el siglo XX, Emma Goldman (1869-1940), para quien poco vale el acceso al trabajo asalariado si las mujeres no son capaces de vencer todo el peso de la ideología tradicional en su interior. Así, el énfasis puesto en vivir de acuerdo con las propias convicciones propició auténticas revoluciones en la vida cotidiana de mujeres que, orgullosas, se autodesignaban «mujeres libres». Consideraban que la libertad era el principio rector de todo y que las relaciones entre los sexos han de ser absolutamente libres. Su rebelión contra la jerarquización, la autoridad y el Estado, las llevaba, por un lado y frente a las sufragistas, a minimizar la importancia del voto y las reformas institucionales; por otro, veían como un peligro enorme lo que a su juicio proponían los comunistas: la regulación por parte del Estado de la procreación, la educación y el cuidado de los niños.

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8. G. Fraisse, Musa de la razón, Cátedra, Madrid 1991, p. 194.

9. De Celia Amorós sobre Poulain de la Barre: «El feminismo como exis emancipatoria» y «Cartesianismo y feminismo. Olvidos de la razón, razones de los olvidos», en Actas del Seminario…, pp. 85-104. Sus tesis sobre la relación entre feminismo e Ilustraciónestán sintetizadas en «El feminismo: senda no transitada de la Ilustración», Isegoría, n. 1 1990.

10. Algunos de estos cuadernos están traducidos en la antología La Ilustración olvidada, realizada por A. H. Puleo, Anthropos, Barcelona 1993. También de esta misma autora, «Una cristalización político-social de los ideales ilustrados: los ‘Cahiers de doléance» de 1789″, en C. Amorós (coord.), Actas del Seminario…, pp. 147-153.

11. P. M. Duhet, Las mujeres y la Revolución (1789-1794), Península, Barcelona 1974, p. 44.

12. O. De Gouges, «Los derechos de la mujer», en A. H. Puleo (ed.), La Ilustración olvidada, p. 155.

13. G. Fraisse, o. c., p. 191.

4. S. Robotham, La mujer ignorada por la historia, p. 68.

15. El texto de la Declaración está recogido en la Antología del feminismo de Amalia Martín-Gamero, Alianza Editorial, Madrid 1975.

16. R. J. Evans, Las feministas, Siglo XXI, Madrid 1980, p. 15.

17. S. Robotham, o. c., p. 115.

18. C. Fourier, Teoría de los cuatro movimientos, Barral, Barcelona 1974, p. 167.

19. F. Tristán, Unión obrera, Fontamara, Barcelona 1977, p. 125.

20. Cf. N. Campillo. «Las sansimonianas: un grupo feminista paradigmático», en C. Amorós (coord.), Actas del Seminario…, pp. 313-324.

21. A. Bebel, La mujer y el socialismo, Júcar, Madrid 1980, p. 117.
22. Cf. A. Kollontai, Memorias, Debate, Madrid 1979.
23. P. J. Proudhon, Sistema de las contradicciones económicas o filosofía de la miseria, vol. 2, Júcar, Madrid 1974, p. 175.

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